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jueves, diciembre 13, 2018

Urepel (San Sebastián)







Si la noche anterior habíamos estado en un sitio “moderno” y “original” como el Topa Sukaldería, el restaurante Urepel es todo lo contrario, un sitio de los clásicos “de toda la vida” con decoración al uso lejos de los interiorismos que tanto se llevan ahora, además situado al lado del emblemático hotel María Cristina. Estaba lleno de extranjeros, japoneses principalmente y nosotros debimos ser los únicos nacionales de la noche.










Nada más pedir la comanda nos pusieron un aperitivo de la casa que tengo que reconocer que no recuerdo qué era exactamente. Tal vez una crema de garbanzos o alubias...











Sí recuerdo perfectamente el único entrante que fueron unos tomates de caserío con ventresca de atún, cebolleta y piparras. 17€. ¿Caro? Seguramente, pero a este paso comer unos tomates así se va a convertir en un artículo de lujo. Muy buenos y también la ventresca. Notable.





  

Esa noche nos decidimos por  pescado. El atún rojo del mar de Corea con coulis de fresas y frutos ácidos, 28€, estaba realmente bueno. Parece que por esos lares también tienen buen producto que además estaba perfecto de punto y magníficamente acompañado por las fresas y frutos ácidos haciendo un perfecto contrapunto a la grasa del atún. Muy bien.





 



También excelente el taco de bacalao sobre ajoarriero con emulsión de su pil pil. 22€. Bacalao de magnífica calidad, estupendo ajoarriero y rico el pil pil. No se puede pedir más.











Esta vez llegamos al postre. Bien el milhojas hojaldre caliente con crema pastelera, confitura de melocotón y su helado, 7€, aunque no está entre los mejores que recuerdo.

 

Superior sin duda fue el “Flisch” de chocolate negro y tofé con sopa de yogur y chocolate blanco, 9€, un auténtico festival para los amantes del chocolate como yo. Muy bueno.
 












La carta de vinos no está mal pero para un sitio de esta categoría se le puede pedir más. Tomamos un Inurrieta Orchidea Cuvée 2017. 23€.
El personal de servicio muy profesional y el menaje, mantelería, etc, de muy buena calidad algo que poco a poco va siendo una rareza en la hostelería.

La página web es de lo mejor que he visto en mucho tiempo en un restaurante. Mucha información, todas las cartas, un montón de fotos... Excelente.







La cena fue bastante satisfactoria en conjunto y Urepel es un restaurante que se puede recomendar sin duda porque dentro de su clasicismo en las formas y en la base de su cocina también tiene algunas pinceladas de modernidad bien colocadas. Una buena dirección a tener en cuenta en San Sebastián.

Urepel

 Paseo Salamanca 3, 20003 San Sebastián
943 420 723  www.restauranteurepel.com/es

martes, diciembre 04, 2018

Topa Sukaldería (San Sebastián)




Topa Sukalderia es un restaurante de cocina fusión vasco/hispanoamericana que ha ideado Andoni Luis Aduriz en el barrio de Gros de San Sebastián y que al parecer por le leído sobre él después de nuestra visita, tiene un enorme éxito, lo que al parecer hace que haya muchos problemas de horarios y rotación de mesas. Nosotros fuimoa un lunes de novimebre a cenar por lo que no tuvimos ninguno y aún quedaron mesas sin ocupar. 


 
La carta es un compendio de platillos de precio no muy alto a priori aunque después de lo probado no nos pareció precisamente barato lo comido en relación a la cantidad y a la materia prima.
Algo que nos sorprendió es que pedimos el plato del día que tenían escrito en una pizarra grande y no les quedaba. ¡¡¿El plato del día?!!  O todo el mundo en el servicio del mediodía lo pidió o poca previsión demuestran.



 
Aquí no hay aperitivos de la casa ni nada 
parecido por lo que comenzamos con un ceviche de corvina, aguacate y piparras. 13€. Caro, caro. Una corvina de kilo y medio o más, de piscifactoría, se puede comprar por menos de 10€/Kg. Como se puede ver la cantidad total no es para quedar lleno precisamente y de corvina no andaba sobrado. ¿Estaba bueno? Sí, pero entre dos, en un plis plas te lo acababas. 







Seguimos con un roast beef con salsa macha. 9€. La salsa macha estaba muy rica pero creo que se pasaron en la cantidad ya que anulaba por completo el sabor del roast beef ahogado en ella. Yo la hubiera puesto aparte para que el comensal se sirviera la cantidad que quisiera.
 












Lo siguiente fueron dos tacos de merluza, salsa Veracruz y tártara. 7€. Bien el rebozado y sabrosa la merluza. La salsa acompañaba bien sin desvirtuar el sabor de la merluza.











  


Acabamos con el choripán de chistorra. 6€. Rico, pero en una cantidad bastante inferior a la que te dan en cualquier pincho que te puedas tomar en San Sebastián.







Como los postres no nos llamaban mucho la atención los sustituimos por un coctel: BÁRBARO LIBRE: ron, manzana, lima y azúcar de caña. 6€.  Bastante bueno y a precio de cualquier simple consumición en un bar nocturno.

La carta de vinos mala, mala. Ya sé que es una cocina que no pide mucha combinación con vinos pero podrían haber tenido más referencias sobre todo en espumosos y rosados que creo que le van mejor a esta cocina. Tomamos un rosado, Viña Zorzal,14€, qué ya está bien cobrado...   Disponen de unos cuantos cócteles que como ya comenté antes, el probado estaba bastante bien.
Por supuesto, aquí de la tela en forma de manteles y servilletas no hay ni rastro, y de cambio de platos, cubiertos, etc, ni hablamos. Economía de medios...
El personal de servicio demasiado propenso al colegueo.
La página web poco informativa pero en cambio sí trae la carta de platos y vinos, esto último poco frecuente en las webs de muchos restaurantes.

No estuvo mal lo comido en cuanto a sabor y a originalidad para lo que yo al menos estoy acostumbrado pero no nos convenció el conjunto cantidad/calidad/preparación/detalles/precio. Si estuviera en mi ciudad creo que tardaría mucho en volver...

Topa Sukaldería


Agirre Miramon Kalea, 8, 20002 San Sebastián

martes, noviembre 27, 2018

Xarma Cook & Culture (San Sebastián)








El restaurante Xarma Cook & Culture está situado muy cerca del Kursaal y de nuestro hotel en San Sebastián por lo que sumado a las recomendaciones de varias guías hizo que lo escogiéramos.

Si alguien está interesado en saber más del restaurante y su filosofía mejor que contarlo yo es pasarse por su web donde lo explican claramente.







Como se puede ver en la foto la cocina del restaurante es a la vista, algo que sé que le gusta mucho a bastantes aficionados pero que no es mi caso.

La carta del restaurante es amplia y con el buen detalle de que se pueden pedir medias raciones de bastantes platos.


Fuimos dos noches consecutivas pero paso a describirlo como si fuese una sola visita.






Como aperitivo de la casa ponen una rica crema de garbanzos. Mira que de pequeño odiaba todo lo parecido a cremas y purés de garbanzos pero hay que reconocer que esta está muy lograda.



 De los dos entrantes que pedimos uno fue el esturión Km.0 con mantequilla de cítricos y pan cristal. 14€. Estupendo el sabor del esturión, intenso pero con elegancia y muy bien también la mantequilla y el pan de cristal, adictiva combinación.

También una crítica. La media ración cuesta la mitad pero la cantidad que sirven es un 70% más o menos de la ración entera por lo que sale más a cuenta pedir dos medias raciones. Detalle a corregir.






El otro entrante fue media ración de tataki de solomillo Ibérico de bellotas con apio-nabo, crema trufada y verduritas encurtidas. 12€.
Muy rico el tataki, en su punto, pero las cremas de acompañamiento eran algo insípidas.











Seguimos con media de picantón a la brasa con crema agria de yogur, cúrcuma e higo a la brasa. 12€.
Estupendo el sabor del picantón con todos los acompañamientos formando una gran sinfonía de sabores. Uno de los platos que más gustó tal vez por inesperado.










También muy bien la media de solomillo de buey con brazo gitano vegetal y jugo infusionado de tomillo limonero. 14€.
Carne muy bien de punto, sabrosa y bien escoltada por el trampantojo de un notable brazo de gitano vegetal.










De los dos últimos platos tomamos raciones enteras. Uno fue el  jarrete de cordero lechal confitado a baja temperatura, terminado a la brasa y ensalada templada de berenjena. 22€.
Mira que está bueno el jarrete de cordero y qué poco se suele ver en restauración.
Este era impecable y aunque por la foto pudiera parecer pequeño no lo era en absoluto.
Muy rica también la ensalada.  Notable.








Acabamos con la costilla asada a la brasa con alegrías” y chips de yuca. 20€.
Se puede casi copiar el comentario anterior. Muy sabrosa la costilla, sin excesos de fuego y estupendos los chips de yuca aunque algo rácana la cantidad.









 La carta de vinos no muy extensa pero con vinos de precios variados. Tomamos un Viña Ane Selección, 30€, y un Supersónico Frontonio, 28€.

En cuestión de mantelería, etc, en la onda actual de muchos sitios: madera a la vista.





El personal de servicio muy correcto y aplicado a pesar  de su juventud.   Buena página web aunque carece de la carta de vinos.

En conjunto nos gustó bastante Xarma Cook & Culture.  Tiene algún detalle comentado por mejorar pero su cocina sin aspavientos y pegada al terreno nos convenció a falta de probar pescados de los que hay que reconocer que no andan muy sobrados en la carta.  Si se está por San Sebastián y especialmente en el barrio de Gros, merece una oportunidad.

Xarma Cook & Culture 

Miguel Imaz Kalea, 1, 20002 Sán Sebastián/Donostia
943 142 267   http://xarmacook.com/es/

lunes, marzo 12, 2012

Alameda (Hondarribia, Guipuzcoa), por Toni


Merece la pena y mucho visitar Hondarribia. Es un pueblo precioso, con una parte antigua amurallada llena de casas señoriales vascas coronada por el castillo del siglo X sobre el estuario del Bidasoa fundado por el rey navarro Sancho Abarca en el siglo X. Y no solo la parte vieja. Al lado del puerto está el barrio de La Marina con sus casas marineras vascas de entramado de madera pintada de vivos colores y lleno de bares en los que tomar sus "pintxos", aunque en este caso el nivel gastronómico no fuera lo que a priori prometía.

Y los alrededores no le andan a la zaga. Un descubrimiento fue el valle atlántico navarro del Bidasoa. Impresionante paisaje y bonitos pueblos como Vera de Bidasoa, Etxalar, Sunbilla, Santesteban, Zubieta y sobre todo Lesaka con un casco urbano digno de ver con sus llamativas casas de piedra y entramado de madera muy diferentes unas de otras de estilo vasco-navarro como se puede ver en la foto de la izquierda.



Y como no podía ser menos en esta zona la gastronomía tiene un lugar muy importante, como importante es el restaurante Alameda situado a pie del casco histórico de Hondarribia. Ofician los hermanos Txapartegi que por lo probado ofrecen una cocina de la tierra con algunos toques lejanos aportados por parte del personal de cocina, con pinceladas novedosas pero firmemente enraizada en la tradición y sobre todo rica, rica.

Aunque no todo son bondades. Tarjeta amarilla por no incluir el IVA en los precios de carta. Ningún restaurante puede desconocer las leyes que le incumben y menos los de esta categoría.

La crisis está siendo dura, esta claro, pero pensábamos que por estos lares lo sería menos y parece ser que nos equivocamos. Viernes noche y cenamos solos. Cuando llegábamos se levantaba una mesa de cuatro comensales y no vino nadie más. Muy triste y más viendo el amplio comedor que tienen y lo sabroso de la propuesta.



Como aperitivo de la casa nos pusieron una crema de calabaza con naranja y anisados, espectacular. No soy excesivamente amante de este tipo de cremas pero esta es probablemente la que más me ha gustado en muchos años.

Una ventaja de este restaurante que no se suele ver en otros, es que se pueden pedir todos los platos, postres incluídos, por medias raciones también y eso fue lo que hicimos con los entrantes.

El butakaku glaseado con manzana y frutos secos, media 12,96€, bien pensábamos que era un plato tradicional vasco viendo el nombre, pero resultó ser el nombre japonés de una papada de cerdo cocinada con soja de excelente textura y sabor en el que la manzana matizaba de maravilla la grasa de la papada y el conjuto armonizaba de cine con los frutos secos.

El otro entrante fue la morcilla crocante con avellanas y berza trufada, media 12,96€. Muy fina la morcilla, sabrosa y sin ser basta, rodeada por las avellanas y suavizado todo por la berza trufada de elegante pero incisivo sabor. Otro excelente entrante.

Para los principales nos decidimos por el pescado esta vez en su ración entera. Fantástico el mero con pochas y verduras, 30,24€. Producto no de primera sino extra, al punto perfecto y acompañada levemente por las pochas y verduras que por sí mismas también estaban muy buenas.

El mismo comentario se puede aplicar a la lubina con caldo meloso de algas, 30,24€, tanto a la sabrosidad del pescado como al acompañamiento. Hacía tiempo que no comíamos unos pescados de tanto nivel en el conjunto de producto/preparación/resultado.

Todavía las ganas nos llegaron para el postre pero esta vez tomamos medias raciones, que en realidad son postres normales como los pueden servir en restaurantes de parecidas características.
Muy rico el chocolate cuajado y naranja sanguina, 7,56€, tanto el excelente chocolate como el helado de naranja y un poco por debajo la leche de oveja ahumada, naranja amarga y crumble, 7,56€, en el que la leche estaba algo más ahumada de la cuenta para nuestro gusto, aunque el conjunto estaba bien.

La carta de vinos bastante buena y sorprendentemente no muy cargada en los precios. Tomamos un Naiades 2006, 28,08€. La cubertería, copas, mantelería, etc, de primera calidad y el servicio extremadamente competente aunque hay que reconocer que lo teníamos para nosotros solos.

Al final nos pusieron unos petit-fours de muy buen nivel también.

Es evidente que salimos muy contentos. Cocina sabrosa, bien hecha, con los pies en la tierra (en ambos sentidos de la frase), apuntes de modernidad, comedor muy cómodo y servicio de alta escuela. Y todo esto por unos precios no excesivamente altos y más teniendo en cuenta la zona en la que está. No cabe duda de que merece la visita.


Alameda

Minasoroeta Kalea, 1 20280 Hondarribia
943 64 27 89 www.restalameda.com

Toni


jueves, agosto 11, 2011

O ante todo, producto. Restaurante Elkano (Guetaria). Por Jorge Díez


El día siguiente amaneció gris, amenazaba lluvia en Bilbao. Un Bilbao donde desayuna fuera mucha gente, aunque sea fin de semana (Bueno, muchos eran visitantes, como yo). Un Bilbao con muchos pinchos, modestos o con pretensiones. Un Bilbao que compra en un mercado sometido a cirugía, que me parece que pierde cada vez más puestos. La reforma del Mercado de la Ribera es un paso necesario. Lo es porque estaba en condiciones deficientes y porque es un entorno estupendo que merece la pena conservar y potenciar. Pero un mercado tiene que seguir siendo eso, productos, oferta, clientes, no un parque temático para la contemplación. Y ahí es donde no veo tan claro yo lo de esta remodelación. En fin, el tiempo lo dirá.
Bueno, pues ese Bilbao compraba en el mercado de la Ribera y fuera empezó a llover. Ese Bilbao protestaba también junto al Arriaga, por muchos motivos. Y en ese Bilbao no nos quedaba mucho tiempo.
Esta es una anécdota que todavía no me había pasado nunca en ninguna andanza gastronómica. Resulta que a la una de la tarde van a cortar el acceso a Guetaria por una prueba deportiva, así que tenemos que llegar antes si queremos comer allí. Como Elkano es una casa seria, y como se arriesgaba a perder mesas, llamó a los clientes para advertirles. Luego tuvimos ocasión de ver pasar triatletas desde el comedor, durante toda la comida y más. Cosas de la sorpresa.
En esta visita y esta comida me acompañará otra bloguera que guarda silencio hace tiempo: Limonta. Ya conoce el sitio y he dejado todo en sus manos, reserva y esas cosas. Difícil aparcar con tanta gente.
Al llegar a Elkano ya te recibe una parrilla con pescado fuera, para ir aclarando las cosas. Allí puedes ir a lo que quieras pero casi está escrita la fórmula: rodaballo o lenguado a la parrilla y delante lo que quepa según el número de comensales. Y así fue. Nos aconsejaron sobre el peso de un bicho que daría bien para los dos y le pedimos unas cocochas para hacerle compañía, para que no estuviera tan solo en la mesa. La sala, de corte clásico, estaba llena. Nos tocó una mesa del ventanal semicircular del extremo, desde donde nos cansamos de ver pasar en bicicleta a los que nos habían hecho ir deprisa para poder comer.
Las cocochas en texturas (en salsa, a la parrilla y rebozadas) abrieron boca de maravilla. Y es que unas cocochas frescas y bien tratadas son un manjar; lo difícil suele ser encontrarlas y lo fácil, estropearlas. Mejor pedirlas en sitios así, seguros, solventes. Mientras tanto, el Egly-Ouriet Gran Cru iba refrescándose y dándonos apoyo en la conversación (¡como si nos hiciera falta!) aunque esta vez fuimos buenos y no nos reímos demasiado.
El negocio tiene una dimensión considerable y mucha clientela pero sigue siendo familiar, con todos los miembros presentes e implicados. Y el trato se ajusta bastante a esa idea, es cordial.
Y por fin llegó el rodaballo a la parrilla, la estrella del menú. La costumbre de la casa, además, es un ritual cuidadoso: te presentan la pieza y luego la trocean, emplatan y te dan indicaciones de consumo de cada parte. Eso podéis rastrearlo en muchos comentarios en la red de clientes que lo vivieron. Ese día, con mucha gente quizá, se saltaron lo de las “instrucciones” pero tampoco nos hacían falta; teníamos claro lo de asaltar aquel pescado hasta acabar con él. En rigor nos ganó por puntos, porque el animalito daba bien para tres personas o por lo menos, para dos y media, así que no pudimos chupetear muchas espinas al final. Todo lo que fuimos capaces de comer estaba exquisito.
Tampoco quisimos forzar demasiado y aprovechar al límite el rodaballo porque el apartado dulce prometía, así que había que dejar sitio en el saco. Hojaldre con crema y helado de café por el otro lado de la mesa y soufflé de chocolate con helado de plátano para mí, aunque probamos los dos postres ambos. Muy sabrosos, para cerrar el placer de la comida.
¿Por qué destaco aquí lo del producto?, ¿no considero el trabajo en este caso? Nada de eso: hay una atención esmerada, hay una sala cuidada –se lleva bien a pesar de estar llena-, hay una experiencia y una mano en esa parrilla que valen mucho… Pero lo del producto no lo digo yo, qué va, lo dicen ellos mismos. En un momento de conversación en la mesa fue alguien de la casa quien nos dijo “esto no lo hacemos sólo nosotros, aquí somos nosotros y lo de ahí”, señalando hacia el mar. Y es verdad, el mar decide. Es una carta llena de “según temporada” y de indicaciones verbales al margen, pero lo justifica. Elkano ofrece en su mesa lo que el mar quiere. Ahora bien, cuando lo pruebas lo entiendes. Y también entiendes por qué esa opción por el tipo de preparación: respeto, respeto máximo al producto, que es la guía de la casa en todo momento. La idea de pescado fresco y de tratamiento mínimo significa otra cosa, se entiende mejor después de comer en Elkano. Aunque ese tratamiento mínimo es a base de buen fuego, no de apenas calor. Daría para un debate acerca de las técnicas de cocina, clásicas o nuevas. Al margen de discusiones sobre los procesos culinarios, sinceramente, yo salí agradecido.
Después aprovechamos para dar un paseo por Guetaria y para visitar el discutido y discutible Museo Balenciaga, que de un modo simbólico ahora mira desde arriba a la casa donde la madre del modisto trabajó como costurera, el palacio Aldamar. Un espacio expositivo muy grande por el que irán rotando los fondos disponibles y alguna cosa más que se les ocurra, pero que todavía no está muy afianzado. Cuando los deportistas levantaron el cerco pudimos salir y seguir la excursión.
Costa, varios pueblos pesqueros de bajada difícil para regresar. Y al final, Algorta. Su puerto viejo, sus calles, sus rincones. Unos cuantos vinos, los anclajes emocionales de cada cual. Hora de descansar.
Para el día siguiente quedaba comprar más dulces, como de costumbre. Y visitar la exposición de Matta (Lo siento, Alberto, para ti resultó una “emboscada”.) pero esta vez os voy a ahorrar la parte artística.
Hasta pronto, Bilbao. Hasta pronto a mis amigos, allí o fuera.

jueves, enero 25, 2007

Akelarre

Después de que las experiencias fuesen en mayor o menor medida decepcionantes, y de la mucha tela gastada, estuve cerca de anular la reserva de Akelarre y venirme por la mañana del domingo para mi querida Asturias. Pero sabiendo que era una oportunidad que no se iba a dar en bastante tiempo, decidí aprovecharla. En este caso, me alegré por ello.
Aunque ya conocido, no se puede dejar de elogiar la excelencia de las vistas y de la sala.
De aperitivo, un juego apariencia dulce-sabor salado : el aire de albahaca era de sabor agradable, pero la texturaera difícilmente masticable, correosa. La zurrukutuna de bacalao tenía el problema de estar un poco blanda y faltarle intensidad, mientras que el damero de pimiento y aceituna negra era una masa basta con un sabor flojo también. Lo mejor, sin duda,el bizcocho-pan, un poco crujiente, envolviendo la morcilla.


Luego vino una sepia con cebollino y su tinta , que me gustó mucho: , fresco, sabroso, ligero, y bonito. Perfecto como aperitivo.

Yo opté por el menú Aranori:

Gambas con polvo de su caparazón.
Las gambas eran frescas , con un buen punto de cocción. La cobertura, granulada y crujiente. El tostado era muy ligero, por lo que no anulaba su suavidad y dulzura , sino que aportaba .

Moluscos al vapor con borraja.
Moluscos (berberechos,navajas,...), ligerísimamente pasados por el fuego con una espuma hecha con agua de mar y la de los propios moluscos. Muy bueno.


Setas en el bosque
Setas de inmejorable factura, sobre todo para la época en la que estamos: níscalo, boletus, carbonera, senderuela, perretxico (sí, debió de ser por las altas temperaturas de este invierno, ...), sobre el fondo blanquinegro de almendra y seta picada, más ligero de lo que aparentaba, y que cumple una función además de la estética. Para acompañar, una ligera mayonesa, creo recordar (fue hace unos días y no apunté nada) que trufada, y para refrescar un acompañamiento vegetal y sabroso, creo que eran brotes de rábanos. Las setas perfectas de punto de cocina, bien ligadas. Me pareció excelente.

Rodaballo con lentejas de mejillón.
El rodaballo extraordinario. Las lentejas de mejillón cumplen la función, además del juego, de hacer de muy ligero contrapunto y dejar el protagonismo al producto.

Cochinillo asado con bolao de tomate y emulsión de ibérico.
El cochinillo se le había quedado un pelín seco, y el bolao de tomate, una especie de merengue seco con tomate deshidratado, dificilmente divisible,me pareció prescindible. Aún así, estaba bastante bueno, con el agradable sabor de un buen cochinillo, y un rico tostado.

De postres :
Cuajada de coco con ligero perfume de lima
Cuajada que te sirven en estado líquido y que se termina de cuajar en tres minutos . Se toma tibia. Delicados lo aromas del coco y la lima, que no anulan la intensidad de una buena leche de oveja. Me pareció espléndida.

Rulo de gitano con leche merengada y salsa de moras.
Me pareció una evolución acertada del típico brownie con helado. Estaba muy bueno.

Mi mujer pidió primero(unas verduras biológicas salteadas, crujientes, variadas, con un poco de salsa de soja, muy buenas) y segundo (un lechazo churro deshuesado , de excelente factura y ración abundante).

Petit-fours,juego otra vez , solo que la revés: apariencia salada-sabor dulce, que aportan poco.

Pedí vino por copas. Primero me sirvieron un Riesling muy bueno ( 5 euros), luego un Ribera (5 euros) que estaba bastante bien, y para postre, un Oremus 5 puttonyos (6 euros), servido en copa de vino, con el que creo que perdieron dinero.(estaba muy bueno Fn1, los 5 puttonyos están mucho mejor que los 3). Casi la mitad el precio-copa que en Berasategui, y con una calidad superior.
Muy buen pan, servicio excelente, y muy buen café.
Me pareció ajustado en precio. Fue donde mejor comí y donde menos me cobraron: 205 euros.
Resumiendo, excelentes , casi perfectos (el casi es por el cochinillo) los puntos de cocina. No se buscó con tanta radicalidad la "crudeza" de los productos, sin que por ello quedaran perjudicadas sus propiedades. Las composiciones, salvo lo de los aperitivos y petit-fours(¿no hay otra palabra?), me parecieron armoniosas y pertinentes. El producto:excelentes las setas, el rodaballo y el lechazo. Muy bueno el resto. Las raciones me parecieron, contra lo habitual, generosas, y el nivel general de la experiencia muy grata, realmente disfruté mucho. Si tuviera que darle una nota le daría un 9.

martes, enero 23, 2007

Zuberoa

El segundo día de “homenaje” reservé en Zuberoa. El restaurante es también un caserío vasco, bien montado, elegante pero un punto menos formal que Berasategui. Me recordó a La Venta del Jamón. Optamos también por la fórmula del menú degustación:

De aperitivo:
Crema de foie con un caramelizado de Pedro Ximénez, y crema trufada, algo insípido, “lechoso”,bastante plano de sabor, sin mucho interés

Luego, nos fueron sirviendo:

Gelee de gambas, coliflor, espuma de erizos de mar.Gambas frescas en gelee, aunque con poca intensidad. Espuma insípida. Agradable en su conjunto para empezar.

Vieira, lentejas e hinojo.Vieira un poco cruda, de escaso valor, en una infusión de lentejas que añadía poco.

Tartaleta crujiente de cebolleta, manita de cerdo y cigala.Cigala fresca, llena de sabor , tostada y jugosa, ,envuelta en pasta brick. La tartaleta suave, con la cebolleta pochada, pero sin pasarse, jugosa, donde la manita de cerdo añadía suculencia que no anulaba el sabor de la cigala. Muy bueno.

Arroz cremoso de frutos de mar al curry.Berberechos, navajas(una constante, las encontré en los tres restaurantes), bugre,…. El curry, bien dosificado, armonizaba en un conjunto delicado pero intenso. Muy bueno.

Huevo, pimiento, patata.
Composición sabrosa. Bastante bueno.

Lomo de salmonete sobre cama de txipirones y su caldo gelatinoso al eneldo.
El salmonete tenía poco interés. Los txipirones, algo mejores, plancheados, estaban buenos. Regular.

Paloma asada, puré de patata y berza trufada.
Paloma sangrante, con muy buen punto y con gran intensidad y agradable sabor. Puré de patata denso y sabroso, aunque un poco falto de frescura. Un conjunto muy bueno.

De postres:

Galleta de nuez, compota de manzana, salsa de sidra y helado de mamia.Galleta muy sabrosa, donde la compota, de intenso sabor a manzana, muy buena, y la salsa de sidra, suavizan y aligeran un conjunto donde sobresale un helado de mamia (cuajada) de intenso sabor a buena leche de oveja. Excelente.

Gelée de piña, crema de coco y helado de naranja.
Postre ligero y refrescante, bien integrado, donde todos los elementos están perfectamente ejecutados, y tienen buen sabor e intensidad. Muy bueno.

Servicio de Sala extraordinario, a la vez que amable y sonriente.

Pan y petit-fours corrientes.Buen café.

Resumiendo, cocina bien concebida, donde las composiciones aparecen armoniosas, sin estridencias, bien ejecutada, pero que, salvo en los postres, no termina de remontar el vuelo. Pareció el menú un buen catering, falto de mimo y excelencia. Ligera decepción, ya que solo había tenido buenas referencias. Quizás, por lo que pude otear por la sala, se mueva mejor con los platos únicos que con los menús-degustación, o simplemente que no fui en uno de sus mejores días, por estar arrancando después del parón vacacional.. Si tuviera que darle una nota, le daría un 7,5

domingo, enero 21, 2007

Martín Berasategui


Ante la inminencia del nacimiento de mi primer chaval, y en la previsión de que eso signifique una disminución de los caudales de tiempo y dinero necesarios para los disfrutes de la buena mesa, decidí darme un homenaje en la capital gastronómica del mundo: San Sebastián.
Mi primera cena fue en Berasategui. Después de perderme varias veces, y aunque media hora tarde, llegamos. Restaurante de empaque, elegante, con mesas muy separadas, muy bien vestidas. Viene una chica que nos pregunta si vamos a tomar el menú-degustación, pedimos que le cambien la ostra a mi mujer, que no debe tomar cosas crudas, y después de una copa de cava para celebrar el haber llegado, comenzó la sinfonía gastronómica:

De aperitivos:
Milhojas caramelizado de anguila.
Muy buenos lomitos de anguila, desespinados, cuya intensidad grasa combinaba perfectamente con la del foie gras. La cebolleta, primero, y la manzana, luego, te iban limpiando la boca, en la que acababa ese tostado del caramelizado. Sobresaliente.

Croqueta cremosa de patata.Plano, insípido. Cremosas sí, pero prescindibles.

En pequeñas raciones:



Ostra con clorofila de berro, rúcola y manzana, crema de Lemon Grass e hinojo y hierba.
Buena ostra, cuya intensidad apenas deja notar el contrapunto ácido y frutal, por otra parte acertado. Bien.

Lombarda sobre queso, licuado de acelga, bola de trufa y jamón, escarcha de pimentón.
Extraordinario conjunto de sensaciones: bocado de queso suave e intenso, aligerado y matizado por una lombarda con estructura gelatinosa, intensa y fresca . Sigue un poco de jamón, de buena calidad, aunque no inmejorable, y una sopa de acelga intensa y fresca, en la que nada esa bola de trufa, que al tomarla explota en la boca, con un sabor largo y profundo . Para acabar, la escarcha de pimentón, como acertado, sorprendente y refrescante contrapunto. Excelente

Cuajada de erizos y soja con sus brotes, cremoso de café, canela y curry
Suave espuma en la que al introducir la cuchara emerge unos erizos gelatinizados en su jugo, excelentes en frescura e intensidad marina , a la que acompañan la soja que , aunque interesante, puede un poco con el sabor del erizo. Aún así, muy bueno.

Taco de foie-gras atemperado, crema raifort, láminas crudas de coliflor y vaina, infusión de uva tinta.
Muy buen foie-gras, hecho con delicadeza. Ligero acompañamiento vegetal. El contrapunto dulce, con la infusión, un doble juego: estado (líquido y aparte), temperatura (contraste caliente-frío) .Muy bueno.

Caldo de txipirón salteado con su crujiente y raviolis rellenos de su tinta.En el caldo, suave pero intenso, láminas de txipirones semicrudas, de sabor excelente, frescor marino, cierto dulzor (¿cómo lo conseguirá en las fechas que estamos?), crujiente de arroz negro (juego útil), y ravioli que estalla en el paladar como suculento final .Muy bueno.

Ensalada tibia de tuétanos de verdura con marisco, crema de lechuga de caserío y jugo yodado.
Extraordinaria composición de formas, colores, y sabores, en la que la gelatina del tuétano hace de elemento cohesionador: bugre, espárragos, pulpa de tomate, rúcola, berberechos, escarola, flores, navajas… crema de lechuga como elemento refrescante. Conceptualmente, parece un intento de evolucionar el famoso Gargouillou de Bras. Realmente sorprendente y grato en la boca. Excelente.

Lubina asada con extracto de moluscos y tubérculos.
Lubina hecha de forma inmejorable, en una composición que deja el protagonismo al pescado (el contrapunto de la espuma de moluscos, y la crema de tubérculos es muy leve). La calidad del mismo, y más en un restaurante de esta categoría, me parece sin embargo mejorable.
Cordero asado con molleja, remolacha al queso Idiazábal y su jugo.
Cordero de muy buena factura. El ¿asado? ( final, porque creo que
predomina la roner) busca pronunciar la suavidad y
delicadeza de la carne, donde al no tostarse la grasa , le falta un poco de intensidad. Acompañamiento leve. Bien.

Los postres me parecieron, sin embargo, extraordinarios :
Dátil en crudo y en agua con helado de almendra amarga, bomboncitos de mandarina y flores.


Crema torrefactada de café frío, reposado en un untuoso de avellana y chocolate, escarcha de whisky.

El pan extraordinario , uno de los mejores que he tomado en mi vida. El café muy bueno y los petit-fours maravillosos, aunque lamentablemente significaran el fin de la fiesta.

Mención especial merece el servicio de sala. Inmejorable profesionalidad.

Restaurante caro. Los dos menús, con el vaso de cava y dos vasos de vino (un Marqués de Riscal y un Mas Clos, 9 euros cada uno, más IVA), y dos cafés, 338 euros.

Por sintetizar, experiencia de cocina de vanguardia, extraordinaria complejidad técnica y conceptual, perfectamente resuelta. Sabores limpios y profundos, breves, como notas, que no se repiten, con sus armónicos contrapuntos. Riquísimo el espectro de sensaciones. Faltó, sin embargo, y por mucho que me pese, un poco más de magia en el producto, sobre todo en los principales.
Si tuviera que darle una nota: 8.