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domingo, noviembre 07, 2010

Marcel Lapierre MMVII



Con los vinos del recientemente fallecido Marcell Lapierre no había tenido suerte hasta ahora, por más que tenía ganas de que me gustaran. Su Morgon me pareció sucio en exceso las dos veces que lo probé, y su beaujalois básico me pareció intrascendente. Me ha gustado más cuando se ha puesto serio, como en este MMVII (2007) al que pone su nombre, de cuerpo ligero y color rojo escarlata. En nariz tiene un fondo de tierra húmeda y bosque umbrío,un especiado denso, y esa nitidez y franqueza que le supongo a las cosas honestas y bien hechas. El paso en la boca es ligero, equilibrado, con la acidez presente pero nada agresiva. Esa elegancia no va en contra de la expresión: pesa la fruta en la boca, con ese fondo goloso y algo indómito de la gamay, que aquí se viste de gala quiere mirar de igual a igual a sus linajudas primas del norte

miércoles, marzo 28, 2007

Chenas Quartz Piron & Lafont


Va un post de vino, que no solo de menús-degustación vive el gastrónomo:

Intrigado por la descripción que el compañero bloguero Ligasalsas había hecho del vino Chenas Quartz de Piron & Lafont, aproveché una visita a Gijón para pasarme por Coalla y pillar una botella (16,5 euros), que guardé hasta este domingo , en el que pude disfrutar de la tranquilidad necesaria para su disfrute. Esta sería la “nota de cata” de un diletante:

Se trata de un beujolais (a partir de ahora boyolé). Los boyolés, como ya sabrán la mayoría, son esos vinos jóvenes que aparecen cada año el tercer jueves de noviembre a medianoche. Se vinifica únicamente con racimos enteros de la variedad Gamay, próxima al Pinot Noir, mediante un proceso original: (//www.beaujolais.com/esp/vin_vini.asp )

Este sería uno de los Crus del boyolé, de la AOC (nuestra denominación de origen) Chenas.
En la copa tiene un color rojo rubí, brillante, límpido. En nariz presenta una intensidad media-baja, con notas herbales y de frutos rojos, que apenas anuncia lo que se nos viene encima.Tiene una entrada fácil, con poca acidez, muy fina, y de repente, del fondo de la lengua brota , llenando el fondo del paladar, una espesura, una mezcla animal y mineral , una profundidad de carbón y bosque, que aturde, que en principio hace pensar en defectos (excesos fenólicos) , pero que al poco se asienta y se estructura y se convierte en una experiencia única, indescriptible. Terroir, mineralidad brutal, fruta roja,…. son solo pistas de algo que solo se puede conocer tomándolo. Tanicidad ligera y recorrido medio tirando a corto, si no se tiene en cuenta esa larga persistencia al fondo de la boca, al inicio de la de garganta, de una especie de mezcla de cuero, frambuesa y pizarra. Un vino, como dijo Ligasalsas, para mentes abiertas.

Por cierto, que me da envidia que a estos gabachos les salgan vinos jóvenes, en aparte la personalidad de este vino, tan pulidos y elegantes. Menos mal que el boyolé, aquí en España al menos, tiene mala prensa.