sábado, agosto 17, 2013

Regueiro (Tox, Asturias), por Toni



 
Tengo que reconocer que sentí un poco de vergüenza por no conocer el restaurante Regueiro antes, teniéndolo a poco más de una hora de casa, ya que tuvo que ser el gran Phillippe Regol en su fantástico blog Observación Gastronómica el que me lo descubriera. A los fogones se encuentra en jovencísimo Diego Fernández curtido en Casa Marcial y Casa Gerardo, una garantía de aprendizaje.
Ahora se ha instalado en Tox, muy cerca de puerto de Vega en el hotel homónimo, cerca también de la playa de Barayo.
 
Una vez situados en el luminoso comedor de la primera planta nos traen las cartas de platos y no la de vinos. Disponen de dos menús, el gastronómico a 48€ y el normal a 29. IVA incluido. También tienen una carta reducida en la que viene una nota que dice que si no te decides, el chef compondrá su menú. 


Algo que nos llamó la atención fue una contradicción de la maitre. Primero nos dijo que si no queríamos algo de uno de los menús podríamos cambiarlo por otro plato del otro. Como había llámparas en el menú gastronómico le dijimos si nos las cambiaba por algo del menú normal y nos dice que lo va a preguntar en cocina. ¿¿??. ¿No había dicho que se podría cambiar algún plato sin problema?. Fallo de coordinación consigo misma.


 
Al final nos decidimos por el menú gastronómico. Lo primero que traen son unos aperitivos. Ricas las croquetas de jamón, muy fina la masa y abundante el jamón, y discretos los bollinos preñaos, tan pequeños que no da tiempo a que sepan a algo.



 El primer entrante que sustituyó a las llámparas fue una crema de coliflor con anguila ahumada y algas. Empezamos a un alto nivel, con una excelente crema de coliflor montada con leche de caserío de una fantástica textura y sabor, realzada por el incisivo y salado sabor de los trozos de anguila y el toque marino de las algas. Parece simple pero hay mucha cocina en este plato.




  Seguimos con otro top del menú: foie gras asado, jugo de cocido, verduritas y manzana, que va directamente a la cabeza de los foie gras probados en mi vida. Extraordinaria textura y sabor del foie, con una excelente cocción, magnífica la profundidad de sabor del caldo y estupenda la vinagreta de verduras con manzana que refresca el bocado haciéndolo elegante y nada pesado. Aquí coincido totalmente con Regol cuando dice que cansan los acompañamientos dulces habituales del foie gras y que está mucho mejor lo que aquí nos propone Fernández. Fantástico.




El tercer entrante fue ventresca de bonito asada a la llama, jugo de sus espinas y caldo de manzana verde. Perfecto el punto de la ventresca, muy fina, con el toque ahumado que le da la llama y un rico jugo refrescado todo por el caldo de manzana. Otro acierto.



Acabamos los entrantes con una emulsión de tuétano y ternera, verduritas en escabeche, tandoori y champiñón. Aquí sigue jugando con los sabores potentes e intensos suavizados con verduras y toques agridulces y el acertado punto del tandoori. Otro plato técnico y muy bien resuelto.



Para los platos principales, cambio de tercio y paso a la cocina tradicional. El pescado fue una lubina con salsa de sidra y algas.
Fantástico el sabor de la lubina, seguro que no de piscifactoría, con una conseguida salsa de sidra y unas pocas pinceladas de algas. Muy rico aunque más visto. Personalmente prefería el estilo de los entrantes ya que como decía en el post de Casa Nestor, un plato así lo hacemos parecido en casa.




El plato que vimos en todas las demás mesas fue un arroz con pitu con muy buena pinta. Nosotros no tuvimos esa suerte pero sí nos pusieron de carne el pitu de caleya con patata y pimiento. Buen guiso de carne oscura, potente e intenso sabor con un fondo muy trabajado. Con arroz tiene que estar tremendo.





El primer postre sirvió de cortante y fue mango, piña y melón, acompañado de lo que parecía pan de especias. Muy rico y refrescante.





Pero nos gustó más la nata con manzana, romero, pan de especias y limón con unas tiras de manzana crujientes, perfecta mezcla de dulzor y acidez que solo tuvo el fallo de ser un poco pequeña la ración.





No vimos la carta de vinos ya que tomamos agua. 1,5 litros, 4,50€. El pan, de pueblo y de maiz, 1,80€ c/u. Es algo crónico en la hostelería española que te cobren el pan aparte cuando tomas un menú degustación. Por muy degustación que sea no deja de ser un menú y yo por lo menos no he visto en ningún país de Europa que te cobren el pan al pedir ningún tipo de menú.



Como el lector habrá comprobado, la comida nos gustó mucho en conjunto pero también hubo sombras y estas se centran en el personal de servicio, al que le hace falta más rodaje y formación y a la duración del menú. Empiezo por esto último. Me imagino que en cocina estarán los justos pero no es de recibo que te sientes en la mesa a las 14:30 y acabes de comer el último postre a las 17:10. Nada menos que 160 minutos de comida en un menú que tampoco es tan largo comparado con otros sitios. Además con mucha espera entre el último entrante y el pescado. Sin decir nosotros una palabra, la camarera se disculpó al traernos la cuenta diciendo que habían tenido mucha afluencia. No me parece tanto ya que en nuestro comedor aparte de una mesa de cinco que acabaron cuando nosotros íbamos por el tercer entrante tuvieron otras cuatro mesas de dos personas  y una de seis abajo. No me imagino que cada mesa hubiera sido de cuatro…

En cuanto al personal de servicio, aparte del extraño detalle del cambio de plato, no se puede preguntar al cliente lo que va a beber sin traerle la carta de vinos  como si fuera un chigre , ni traer una botella de agua ya abierta fuera de la vista del cliente, ni poner los siguientes cubiertos antes de retirar los platos terminados, ni no limpiar las migas de la mesa porque les hayan robado el recogedor, ¿solo tenían uno?, ni tampoco "olvidarse" de ponernos los petit fours que  venían incluidos en el menú, por lo tanto pagados sin probarlos. Además a la mesa de al lado tampoco se los pusieron y escuchamos como se los reclamaban. De poco sirve que se coma muy bien si el servicio no está a la altura, algo que demasiado frecuentemente se olvida en la hostelería española.

A pesar de estos inconvenientes está claro que merece totalmente el desplazamiento, ahora por fin fácil y cómodo, para conocer la cocina de Diego Fernández en la que tras su aparente sencillez se esconde técnica, conocimiento y buen hacer. Cuando se pulan los fallos de tiempos y servicio puede llegar a ser uno de los grandes en Asturias.

Regueiro

Tox s/n
33793 Puerto de Vega (Asturias)
985 648  594 www.restauranteregueiro.es

jueves, agosto 08, 2013

La Traserilla (Palencia), por Toni




La Traserilla es uno de los clásicos restaurantes palentinos a pesar de que lleva abierto poco más de 10 años. Situado en pleno centro, al lado de la casa del Cordón y del puente Mayor se encuentra en un edificio del siglo XIX distribuído en tres pisos en el que los comedores se encuentran en el de arriba.



Un detalle  a corregir en el comedor sería la excesiva luz que dan los halógenos que llega a hacerse bastante molesta en el transcurso de la cena.  Una vez nos traen las cartas observamos que tanto los entrantes como los pescados y carnes se dividen en tradicionales e innovadores, componiendo una carta bastante extensa lo que a priori hace enarcar una ceja ya que cartas muy extensas muchas veces suele ser  indicio de cocina no muy elaborada. Precios con IVA incluído.





Como aperitivo de la casa nos pusieron una lasca de salmón con un vegetal que no recuerdo cual era.

 Sumando a la calurosa noche palentina la intención de pedir carne de plato principal, solo pedimos un entrante que fueron unos lomitos de sardina con crema de manzana y vinagreta de tomate, 12,00€, plato fresco con unos buenos lomos de sardina bien acompañados por la manzana y el tomate. Buena combinación de salado, ácido y agridulce.




Como dije antes, para los platos principales nos tiramos a la parte innovadora del lechazo. Muy buen nivel el de la hamburguesa de lechazo, con fondo de vino tinto, pastel cremoso de setas y setas salteadas, 16,20€, otra forma de comer el lechazo aparte de las clásicas preparaciones. Carne que se deshacía en la boca, de sabor intenso pero elegante y bien flanqueada por el pastel y las setas. Un acierto.



También muy ricos los bocaditos de lechazo crujientes con reducción de miel y Módena, 15,50€, con un aire moruno pero sin empalagar. Otra acertada forma de comer el lechazo deshuesado.



Llegamos a los postres. La tarta casera de yema tostada con crema, nata y su toffe, 5,80€, prometía mucho pero se quedó a medio camino. No es que estuviera mal pero los sabores estaban algo difuminados.



El otro postre fue un sorbete de mojito, 5,50€, refrescante para acabar pero sin más historia.







Para beber tomamos un Aalto 2009, 32,50€, servido caliente por lo que tuvimos que pedir cubitera. Está visto que va a ver que tocar siempre  la botella antes de que la abran.

La carta de vinos muy tradicional con el predominio habitual de Rioja y Ribera del Duero. Ya cuando la hojeábamos vimos que no ponía nada de IVA incluído y nos temimos la picaresca habitual. Acertamos. A la hora de llegar la cuenta el vino venía marcado a 35,75 cuando en la carta ponía 32,50. Se lo decimos a la camarera y nos deja soprendidos cuando con todo el desparpajo nos dice que la carta de vinos no tiene el IVA incluído. Evidentemente le decimos que ese no es nuestro problema ya que el precio que pone la carta debe llevar el IVA incluído y es el que vamos a  pagar. Media vuelta y vuelve con la cuenta corregida.  Nos dio la impresión de que no era la primera vez que le pasaba y si así fuera no entiendo como no corrigen un detalle que además de no ser legal da una imagen tan mala de un restaurante en el que encima habías comido bastante bien.

Como anécdota a añadir, la mesa de al lado al ver la discusión revisaron su cuenta y vieron que en vez de 2 de pan les habían cobrado 4. Del vino no dijeron nada aunque evidentemente a ellos también se la estaban clavando. ¿Por qué es tan habitual que las cuentas estén mal hechas siempre a favor del restaurante?.


El pan, 1,55 c/u.  El personal de servicio consistió en la camarera antes mencionada, bastante apresurada y ligeramente pasota. La primera y única vez que sirvió el vino, dejó el mantel bautizado como se puede ver en la foto. Tampoco se puede cargar mucho las tintas sobre ella porque vete a saber si no está a "media jornada", 12 horas, cobrando 700€ al mes o similar…

Obviando el detalle del vino fue una buena cena en conjunto, con unas preparaciones del lechazo distintas a las tradicionales y bien resueltas. Si el resto de la amplia carta está igual de conseguida sin duda haría que La Traserilla sea una buena dirección a recomendar. Si además solucionan el patinazo de la carta de vinos, mejor que mejor.

La Traserilla

Calle de San Marcos, 12  34001 Palencia
979 74 54 21  www.latraserilla.es

martes, julio 30, 2013

Casa Nestor (Luanco, Asturias), por Toni



 
 Casa Nestor es un emblemático restaurante luanquín con una larga historia que se remonta a 1932. Como en otras ocasiones recomiendo, para quien esté interesado en los detalles de su historia, mejor que copiar y pegar es pasarse por la web y leerlos.


 Una vez acomodados en las amplias mesas, un sueño para un restaurante al norte de los Pirineos, y pedida la comanda, nos trajeron de aperitivo de la casa una bandeja con arroz negro, el cual no probé pero que no tuvo demasiado éxito visto que no se llegó  a acabar.
 
Decir que los precios de carta tienen el IVA incluído algo que afortunadamente y aunque costó, va convirtiéndose cada vez más en la norma en lugar de la excepción como hasta hace no tanto.



Pido disculpas por la calidad de las fotos que fueron tomadas por un móvil y no precisamente de última generación.

El primer entrante fueron unos fritos de pixín, 24€, que estando bien no se van a los primeros puestos de la lista de los probados hasta la fecha. Además, ojo al precio: 24€ por 6 unidades. Alguna más hubiera quedado más acorde con el precio.



Continuamos con unas almejas a la marinera, 22,50€, con buena materia prima y una salsa muy lograda. De lo que más gustó.

Para los platos principales nos decidimos todos por los productos del mar. La lubina a la naranja, 28€, es un clásico de la casa que recuerdo haber comido hace unos cuantos años. Precios severos dada la coyuntura, pero hay que reconcer que la materia prima era de primera y aquí sí que no estaba escatimada, además de bien conseguido el punto del pescado. Un único pero sería  para la salsa a la que le vendría mejor algo menos de harina y como presentación del plato, no cubrir el pescado completamente con la salsa, que es algo de hostelería de los años 70/80. 

Puntualizar que las fotos son de los platos con el primer emplatado hecho por la camarera. Como mínimo otro tanto quedaba en las cazuelas que venían de la cocina.


 

También muy ricos los lomos de pixín con patatas panadera, 27€, sencilla preparación pero más que adecuada para dejar expresarse al producto, y vaya que si lo hacía.

 
También probamos el bonito al salmís, 22€. Es una receta que le viene como anillo al dedo al bonito con el potente toque de la nuez moscada y el chocolate. Lo único que yo cambiaría sería el punto del bonito, algo más hecho de la cuenta para mi gusto y el baño de salsa en la presentación.





Por último unos calamares de potera en su tinta, 25€, que cosecharon grandes elogios además de ser una generosa ración.




Como llegamos a los postres ligeramente forzados, solo se pidió  helado de yogur con mango, 6€, refrescante aunque el mango es una fruta que empalaga un poco.




Para beber tomamos un Luis Alegre Crianza 2009, 15€ y un Blanco Nieva Pie Franco 2012, 17€. La carta de vinos mucho más reducida que la que viene en la web. No lo se pero tiene toda la pinta de que la han tenido que reducir porque muchos de los vinos no los debían vender ni rogando, tampoco demasiado extraño viendo el tipo de clientela que tenían el día que fuimos, y lo que había en las mesas, nada proclive a priori a pedir algo que se salga del ABC.

El cubierto lo cobraron a 2€ p/p. Ojo a la cubertería ya que tuvimos que pedir que cambiaran al gún cubierto y alguna copa con deficiencias en la limpieza. El pan mejorable y el personal de servicio correcto pero algo descordinado entre ellos. Estuvieron un rato, uno poniendo  la mesa auxiliar y otro quitándola.

En resumen fue una buena comida en conjunto, olvidándonos de algunos precios, aunque con algunos detalles ya comentados a mejorar. Este tipo de restaurantes no los frecuentamos mucho en la actualidad estando en la tierra ya que exceptuando comidas familiares, para este tipo de preparaciones sencillas ya nos las hacemos nosotros en casa, no digo que mejor, pero sí evidentemente más barato. Pero para quien no pueda o quiera hacerlo en su casa, Casa Nestor no hay duda que hace una cocina de producto, honesta, sencilla, sabrosa y placentera que va a lo seguro y no defrauda al cliente clásico y poco dado a las modernidades. 


Casa Nestor

Conde del Real Agrado, 6
33440 Luanco (Asturias)
985 880 315 www.casanestor.com

lunes, julio 15, 2013

Casa das Pipas - Quinta do Portal (Celeirós, Douro, Portugal), por Toni

 
Quinta do Portal es una bodega de vinos de Oporto y del Douro situada en el pueblo de Celeirós, a poca distancia de Sabrosa, pueblo en el que nació Magallanes. Al hilo de esto es curioso que en Sabrosa hay unas cuantas placas diciendo que Magallanes fue el primer hombre en dar la vuelta al mundo cuando es bien sabido que murió en Filipinas antes de acabar el viaje.

La Casa das Pipas es una "quinta"  destinada a hotel rodeada de viñedos a un kilómetro de la bodega que fue donde nos hospedamos. También dispone de restaurante en un edificio aparte a la entrada de la finca. Lo mejor del hotel son las vistas, el paseo por los viñedos y la tranquilidad nocturna, pero por el precio que cobran, la habitación es manifiestamente mejorable, ojo a la mesa de la televisión, y no digamos nada del desayuno, lo más raquítico que he visto en años. El paquete turístico verano, 190€/noche.


 En el paquete turístico estaba incluída la visita a la bodega. Esta es de factura moderna y está firmada por el reputado arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira. Lo malo de estas bodegas modernas es que por muy llamativas que sean por fuera, en el interior vista una vistas todas. Además la visita es bastante raquítica y solo te enseñan los almacenes de envejecimiento de los distintos tipos de vinos del Douro y Oporto. No llegó ni a un cuarto de hora la visita.



Algo mejor estuvo la prueba de vinos. Tuvimos la suerte de que como nos hicieron esperar algo para la visita nos dieron a probar en ese intervalo un excelente Portal Porto Vintage 2003, con amplio margen de mejora pero ya bebible.


 Después de la visita probamos un olvidable Quinta do Portal Colheita Branco 2012 , primo hermano de los típicos Rueda tropicales con platanito. Mucho mejor resultaron los Tawny de 10 años y de 20 años, más frutal e inmediato el de 10 años, más complejo y reflexivo el de 20. Excelentes ambos.





También estaba incluído en el paquete turístico la cena en el restaurante comandado por el joven chef Milton Ferreira. Tiene un pequeño problema la ubicación del restaurante para quien esté alojado sin coche ya que queda a unos 700 metros de la Casa das Pipas por un camino de tierra y sin iluminación por la noche.




El comedor es muy agradable, luminoso y rodeado de viñedos. El personal de servicio debe ser escaso ya que solo vimos a un camarero que se desenvolvió bastante bien.


 Lo primero que ponen es el típico aceite de oliva virgen extra, de la propia Quinta do Portal, de muy buena calidad. Para empezar nos pusieron unos aperitivos consistentes en queso con tomate, jamón con aceituna verde, masa con "cogumelos" y hojaldre relleno de

jamón con tapenade de aceituna negra. Todos muy agradables pero sin mucho que aportar gastronómicamente hablando. El vino que lo acompañó fue un Quinta do Portal Late Harvest 2007, muy notable vino dulce pero que no acabamos de verlo en la combinación con los snacks.


Seguimos con una tosta de queso frito con mermelada de albaricoque y ensalada. El bocado era agradable pero no parece un plato de altura suficente para un menú supuestamente "gastronómico", aunque ya nos hubiera gustado hincarle el diente la mañana siguiente en el desayuno. Hubiera sido mucho más apropiado. La ensalada tenía una pinta un poco triste y falta de aliño. Seguimos con el Late Harvest que en este caso combinaba bastante mejor con la tosta de queso.



En un post anterior sobre las Azores decía que no tenía suerte con los bacalaos en las Azores hasta los comidos allí. El tercer plato fue un bacalao con broa, grelos, tomate y patatas asadas y hay que reconocer que el nivel fue bueno. Bacalao de buena calidad, con las migas de pan de broa espolvoreadas, unos saborosos grelos, con el toque dulce de una buena salsa de tomate y unas notables patatas asadas. Fue lo mejor de la cena con diferencia. El vino que nos  siervieron fue un Quinta do Portal Colehita Tinto 2011, milagrosamente servido fresco. Acompañó bien al bacalao.


 
El postre olvidable. Fue un coulant de chocolate con helado de vainilla. El coulant, obsérvese la foto, tenía todos lo números para ser de los precocinados para la hostelería y el helado de vainilla, muy discreto. Lo mejor fue el Portal Late Bottled Vintage 2008 que nos sirvieron para acompañarlo.



Acabada la cena nos pusieron un espumante rosado indigno del nivel mostrado por la mayor parte de los vinos probados de la bodega.

Habría que ver lo que hubiera resultado una cena que no fuera de la media pensión, pero el nivel general mostrado fue simplemente discreto. No coincidían en nuestra opinión una pareja de ingleses que estaban a nuestro lado que por lo que hablaron con el camarero parecía que habían cenado en El Bulli… 

En conjunto y por el precio pagado no recomendaría este hotel para una visita al Douro. La relación calidad/precio es manifiestamente mejorable.

Casa das Pipas - Quinta do Portal

EN 323 Celeirós – 5060-909 Sabrosa
(Estrada Pinhão-Sabrosa)  www.quintadoportal.com



lunes, julio 01, 2013

Gino's (Centro comercial Nassica, Getafe, Madrid), por Toni

 




Hay un refrán que dice algo así como "al que Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos" que siempre me pareció algo exagerado si se toma literalmente, pero después de que hace unos días buscando algún sitio donde cenar algo mi sobrino se empeñara en tomar una pizza de cuatro quesos y acabáramos en el Gino's del centro comercial Nassica de Getafe, empiezo a pensar que el que lo dijo por primera vez tenía algo de razón.

Aparte del hecho de ser una franquicia, solo con ver el interminable número de mesas al "estilo francés" y lo largo de la carta hace que te ronde la idea de que muy bien no vas a comer ya que es imposible hacerlo bien para tantos cubiertos. Además aquí han batido el record mundial de corta espera para tomar la comanda ya que la moza que nos trajo las cartas no tardó ni medio minuto en venir con la libretina a tomarnos nota.

Como de record mundial fueron las aceitunas aliñadas que nos pusieron de aperitivo, tanto por lo escasas, mejor, como por lo lamentable de su calidad. Extra-cutre sería su clasificación.


La pizza que quería  mi sobrino fue la Bianca Quattro Formaggi: Mozzarella, queso cremoso, azul y cabra, 10,95€, que entra directamente en la primera posición del "hit parade" de peores pizzas que he probado en mi vida. A pesar de que a primera vista la masa tenía buena pinta, en realidad estaba blanda y chiclosa pero peores resultaron los quesos para los que habría que inventar una palabra más contundente que "satánicos". Con decir que el chaval no se comió ni la mitad…


 No mucho mejor resultaron las carnes que pedimos nosotros. Una fue el  Ossobuco con Linguine Verdi: Ossobuco, salsa de carne y tomate con cítricos, pimienta negra, perejil picado con guarnición de linguine. 14,90€. Lo malo de un sitio que aspira a triplicar la ocupación de cada mesa es que te quieren liquidar lo antes posible, pero por lo menos podrían haber disimulado un poco ya que ni cinco minutos tardaron en traer los platos. Ya sé que no se van a poner a estofar el ossobuco al pedirlo pero sí podrían regular el microondas bien, ya que la carne estaba reseca y  amazacotada, a años luz de lo que tendría que haber sido. La salsa evidentemente no arreglaba nada y los linguine, bien, gracias…



Casi peor fueron los Scaloppine di Manzo: Escalopines de ternera con salsa de vino Chianti, limón, tomate y tomillo fresco, acompañados de pasta. 12,25€. La carne tenía una de las pintas más tristes que he visto en mi vida y me hizo añorar la que comíamos en la mili. Se le puede aplicar un comentario parecido al del ossobuco: dura y seca. Ambas carnes con una de las peores relaciones calidad/precio que haya visto en años.



 Para beber nos dio por probar uno de estos espumosos italianos tan de moda en estos sitios. Fue un Sangue di Guida, Oltrepo Pavese D.O.C.,  11,50€, dulzón, empalagoso y perfectamente olvidable hasta el día del juicio final.
Y una botella de medio litro de agua costó la bonita cifra de 1,95€.

Otro detalle curioso y que nunca había visto en un restaurante italiano fue que no nos pusieron pan. Tuvimos que pedirlo una vez servidos los platos. 0,80€ c/u.


Por supuesto, no tomamos postre ni nada parecido y ni siquiera el chaval insistió mucho. Chico inteligente.

Lo asombroso de este garito es que a partir de las 21:30 había unas colas considerables y al paso que iban tenían pinta de cuadriplicar mesas, algo digno de un estudio psicológico al estilo del que también habría que hacer a la clientela de ciertas parrillas asturianas. Y no estoy criticando a los restaurantes de franquicias de comida rápida en general, sino a éste en particular  ya que también estuvimos en un Rib's y las hamburguesas y las costillas que comimos eran bastante decentes dentro de su estilo y se comían con agrado. Lo del colesterol lo dejamos para otro momento.

En fin, está claro que tiene que haber gente para todo pero si al amable lector se le ocurre traspasar la puerta de un Gino's que se acuerde de esta humilde crónica.

Gino's

Avda.Río Guadalquivir con vuelta a Río Guadalhorce. Ctra. Andalucía Salida 17, C.C. Nassica  28906 Getafe (Madrid)  www.ginos.es