domingo, abril 28, 2013

Vino Domaine Michel Gaunoux Bourgogne 2009








Ya sabéis como funciona esto de los apetitos , y después de leerme el libro de Diego Núñez me bajé al trastero a por un Borgoña. Un básico de Garnoux, productor de Pommard,  truequeado con el  exiliado bloguero Albertobolbao. Nada más echarlo, pienso que una gran parte del público lo rechazaría. Capa media baja, con un color que tira al granate. Hay rosados con más apariencia de cuerpo que este vino. La añada 2009 fue bastante equilibrada, algo que ayuda en esta categoría de vinos. Y a olerlo,…..dios , qué bueno. Me gusta, primero,  por lo que no tiene: no hay lácteos, ni olor a yogur de fresa, ni gominolas, ni vainillas , ni  coco,….no hay fruta primaria, que en España hemos pasado de los tablones a los mostos, y se les llena la boca a los bodegueros con la palabra fruta. Hay equilibrio, hay vino: hay el Cassis de Frutas rojas, matizado por hermanas más  oscuras, tabaco, los ahumados de un roble viejo,   balsámicos, esa  tierra mojada que confundo con mineralidad. Lógicamente, con la intensidad que corresponde a esta categoría de precios. Aunque un punto por encima de la habitual. En la boca, la finura esperada. La acidez marcada, aunque no descompensada, como sí pasa en muchas ocasiones, con una buena longitud y persistencia , que invita a seguir bebiendo hasta acabarse la botella. Hay Borgoña. Sin duda una buena oportunidad para iniciarse en ella, o simplemente para disfrutarla.


Precio aprox: 22-25 euros
Nota :82 pts

martes, abril 23, 2013

Viaje al corazón de la Borgoña vinícola


Hoy es el día del libro, así que vais a permitirme recomendaros uno, el que estoy leyendo ahora mismo. Es un libro editado hace ya unos años , del que ya hablaron en su día pistoynopisto , y antes Luis Gutiérrez, crítico de elmundovino experto en Borgoña. Probablemente desactualizado incluso en el momento de su edición en cuanto a informacion de sus productores. No se trata , ene ste libro, de descubrir al "último mago de la pinot noir".  Pero está muy bien escrito , en un estilo que sabe ser certero, minucioso sin ser aburrido,  apasionado sin caer en la bobaliconería. Especialmente indicado para aquellos curiosos del vino que todavía no han sido atrapados en su magia, que lo ven descreídos  desde la barrera: este libro habla de la verdad en el vino y los animará  a buscarla en el ruedo de los grandes vinos.  Sabe transmitir lo que significa Borgoña,  lo que es el vino trascendente, el terroir, frente al vino convertido, cada vez más , en un banal objeto de consumo. Pero mejor que cualquier cosa que diga yo, os transcribo el fin del primer capítulo, después de quejarse del acoso mediático de estos viticultores campesinos forzados a aprender inglés:

"El vino se considera como la expresión máxima de Borgoña, y ésta a su vez se percibe como una manera singular de acceso a la cultura, como una feliz ptopuesta sobre el arte de vivir , que incluye tanto la elevación del espíritu como el placer de los sentidos. Jean-Pierre Charlot -encarnación personificada de la expresión " bon vivant" en su sentido más profundo- nos hablaba del vino, no como de un artículo mercantil cualquiera, sino, ante todo, como de un producto personal y cultural. "El vino- nos decía- refleja la personalidad del viticultor ", y efectivamente sus vinos están a tono con su concepción epicúrea de la vida: son vinos finos , a la par que sensuales. "Hay que respetar la vida y su ritmo, así como el ritmo de la evolución de un vino. En la actualidad, se vive demasiado rápido, y de ese modo no se puede recoger el goce de la vida. Es preciso tener paciencia y saber esperar". Una botella de vino lleva en su interior la Borgoña toda: su historia , sus paisajes, sus tradiciones, el genio y el buen hacer de sus hombres. Esta es la mejor manera de acercarse al vino de Borgoña."

miércoles, abril 10, 2013

Maralba (Almansa, Albacete), por Toni



En el anterior post hablaba de todo un clásico en la restauración manchega como es el Mesón de Pincelín, representante de la cocina más tradicional y de producto. Una ciudad pequeña como Almansa tiene la suerte de tener otro restaurante de categoría como es el Maralba, en este caso exponente de la versión más creativa de la cocina manchega y premiado con una estrella de la guía Michelin.

En la cocina oficia Fran Martínez con una experiencia de 9 años en Mas Pau y en sala está Cristina Díaz de la que se puede decir que es la simpatía personificada.

Para nuestra primera visita nos decidimos por el menú gastronómico con maridaje de vinos que cuesta 60€ e incluye el pan, toda una novedad que aunque siempre debería ser así ya que estás pidiendo un menú, por lo general no suele ocurrir. Excelente pan hecho por ellos mismos . Disponen también del menú gastronómico por 48€ y el menú sorpresa por 63. Precios siempre con IVA incluído aunque no será así en la carta de platos y vinos como comentaré más adelante.

 Sería capaz de apostar que Maralba si no es el restaurante con estrella Michelin más barato, seguro que está entre los 3 más baratos de Europa. Además en el maridaje de vinos no solo no se escatima la cantidad en la copa sino que encima nos pusieron por lo menos 8 copas distintas, y digo por lo menos porque tengo algunas lagunas ya que en una ocasión así no es cuestión de dejar vinos sin acabar. Todo un lujo.


 En este caso el enunciado de los snacks, tapas y platos es una descripción en sí mismo. Pido disculpas por algunas fotos que no se por qué salieron muy amarillentas.

Empezamos con 6 snacks . Las bolitas de calabaza con granos de mostaza y polvo de ajo fueron muy resultonas. Parecían confitadas en aceite con un punto de mostaza y el ajo espolvoreado.



 A la vez vinieron las tortas de gachamiga serrana con piel de sardina salada. Magníficas. Original presentación en un tenedor , la torta de gachamiga tenía incrustada la piel de las sardinas lo que le daba un sabor a mar intenso y muy bien conjuntado con el de la gachamiga. Muy buen snack.



Para acompañar Cristina nos sirvió una copa de El Aprendiz 2011, vino leonés de Prieto Picudo. Sorprendente empezar el menú con un tinto.

 
 Depués llegó otro pase de cuatro snacks. El ajopringue machego con pan tostado nos gustó pero tengo que reconocer que no tanto como el que comimos hace un par de meses en el Azafrán de Villarrobledo que tenía más intensidad. La tajada de cerdo con manteca especiada, lima y menta también estaba muy rica y es de esos bocados que incitan a pedir otro y otro. Muy rico.

Seguimos con el cornete de atascaburras, que tenía una lámina de ajo frito encima, otro guiño al recetario típico manchego y acabamos con los pimientos secos y fritos, largos y dulces que se secan y luego se fríen, excelentes de sabor y textura, todo un descubrimiento.

El vino en esta ocasión fue Rodríguez de Vera Merlot 2009, tinto de Chinchilla de Montearagón.



Entre los snacks y el apartado "Tapitas sorpresa" nos puesieron sendas cucharillas con su versión del gazpacho manchego en forma de empanadilla que lo único malo que se puede decir es que se hace muy corto su disfrute al tomarlos de un bocado. Notable.



En las tapitas nos pusieron unos bombones de queso manchego curado al romero. Los bombones tenían impregnado el sabor del romero pero tal vez estaban algo fríos como para que el disfrute sea total. De todas formas nos gustaron mucho.

Otra tapa fue la cucharita de mejillón con espuma y perlas de Martini, acertada combinación en la que las esferificaciones de Martini realzan el sabor del mejillón. Acabamos con otra cuchara de caballa semicurada en sal con emulsión de tomate y olivas negras, con una caballa muy jugosa bien combinada con la emulsión de tomate y las olivas. Acompañamos las tapas con Treinta Mil Maravedies 2010, tinto madrileño.


 Llegamos a los platos principales. El primero fue un pulpo de roca con alcachofas confitadas en aceite de anchoas y caldo caliente de alcachofas al fuego.  Plato arriesgado pero que sale totalmente airoso con una excelente  armonía entre el pulpo y las alcachofas bien apuntalado por el intenso aceite de anchoas. No suelen convencerme muchas de las preparaciones que he probado del pulpo pero esta lo hizo completamente. 


 Seguimos con las habas repeladas con royal de michirones, velo de panceta ibérica, tomates secos y consomé de Jabugo. Excelente interpretación de un guiso típico de la zona de Murcia y Albacete aunque creo que hubiera ido mejor antes del pulpo. De todas formas estaba buenísimo.

Estos dos platos los acompañamos de una copa de Picarana 2010 blanco madrileño que se enfrentó perfectamente con las difíciles alcachofas.


Seguimos con el salmonete de roca con carpaccio de galeras y algas marinas, perfecto de punto y con intensos sabores marinos. El vino fue The Flower and the Bee 2011 con diferencia el más discreto de toda la cena.





La carne fue vaca al brandy con tartar de setas de temporada y jugo de asado, excelente también de punto y textura y muy bien acompañada de las setas. El vino fue Tierras del Mediodía 2007, una garnacha de Almansa aunque fuera de la denominación. 




 
Llegaron los postres y el primero fue un flan de tarta de queso, bizcocho de nueces, sorbete de lavanda, virutas de mango y caldo de mango y maracuyá, todo un alarde de ingredientes y preparaciones del que destacaría el flan. Estupendo. Lo acompañanos con una copa de MR, dulce de Málaga.




El otro postre fue el toffee con sorbete de pera, macadamia garrapiñada y granizado de especias, magnífica conjunción de sabores donde el sorbete matizaba la dulzura del tofee y muy bien acompañado por la macadamia y el frescor del granizado. El vino esta vez fue un Domaine des Coqueries, dulce de Coteaux de Layon del Loira.


No solemos tomar café pero esta vez sí, al bonito precio de 3€. Aquí no se notó la moderación de precios aunque también hay que contar con los petit fours que fueron unos trozos de chocolate blanco con pipas saladas, kikos bañados en chocolate, bombones de higo y gominolas de mango, todos de muy buen nivel con sus contrastes dulce-salado.

Como decía al principio un excelente menú a un precio de los que no se ven y menos en restaurantes de estas características.


Dos días después repetimos visita y esta vez con la intención de comer a la carta y aquí tengo que criticar el punto negativo del restaurante. Como los menús sí que tenían el IVA incluído en los precios, a la hora de pedir por carta ni nos fijamos en ese detalle dándolo por descontado. Otra vez, error. Al revisar en casa las fotos de la carta y las facturas, comprobé que ni la carta de platos ni la de vinos tiene el IVA incluído. Si esto ya no cumple con la legalidad vigente que obliga a tener los precios con el IVA incluído, choca más al tener los precios de los menús correctamente. Quiero pensar que es un despiste del restaurante porque no tiene lógica alguna que los menús lleven el IVA incluído y los platos de carta y los vinos no, pero que se trate de un descuido no quita para que sea un detalle a corregir urgentemente.

La noche era la del sábado de Semana Santa y nos encontramos con que fuimos los únicos comensales de la cena. Deprimente que un sábado noche y en fechas festivas solo tengan una mesa para cenar por mucha procesión que hubiera. Menos mal que nos comentaron que al mediodía sí habían llenado.

Antes de que llegaran los platos de la comanda nos llamó la atención que el pase incluyera los snacks y las tapitas sorpresa que nos habían puesto la vez anterior por lo que pácticamente la cena se conviritió en otro menú degustación aunque esta vez sin maridaje de vinos.


 Después de dar buena cuenta otra vez de todos los entrantes llegaron lo que habíamos pedido nosotros. Excelente el ravioli de morteruelo de caza, con virutas de pichón, salvia y caldo caliente de caza, 13,30€. Potentes sabores enraizados en la tierra.





El otro entrante fue el conejo de monte en escabeche con hortalizas con infusión de jugo del conejo con aromáticas del entorno, 13,20€. Muy sabrosa la carne con un suave escabechado y bien realzada por el jugo infusionado con las hierbas. 




  
Para los principales nos decidimos por la carne. Decir primero que aquí las raciones nos parecieron algo escasas ya que los platos  se comían prácticamente en dos bocados. Fantástica la liebre al civet, ligado con su sangre, enebro y setas, 24,20€. Extraodinario sabor, incisivo pero domado, refrescado por el enebro y con el buen añadido de las setas. Excelente plato.



Acabamos con el cabrito lechal manchego, con patata ahumada, hinojos y jugo del asado. 19,80€. Una preparación clásica de un cabrito que se deshacía en la boca pero de intenso y elegante sabor y unas ricas patatas.  Muy bien, pero como dije antes, algo escaso de cantidad.



 Esta vez tampoco nos pudimos resistir a los postres. Uno  fue la torrija bañada en vino dulce, mantecado de vino, mousse de almendras y granizado de vino blanco con toques de naranja y limón. 6,60€. El enunciado ya lo explica perfectamente. Muy buena la torrija, impregnada del sabor del vino. Lo mejor es comerlo todo a la vez para mezclar los sabores y las texturas crujientes, heladas, cremosas y dulces.


 
 Y acabamos con la ensalada de remolacha y fresas con sorbete de yogur de cabra y bizcocho de especias al vapor, 6,60€, otro alarde de diferentes preparaciones en un mismo plato, en un postre muy fresco y con contraste dulce-ácido muy logrado.

Acompañamos los postres con copas de Casa del Inca, 3,93€, PX de Montilla y PX Monteagudo, 2,75€, de Jerez.

Para beber tomamos un PF 2010, tinto de Manchuela a 23,76€. Buena y escogida carta de vinos con bastantes de la zona de Alamansa y provincias vecinas y como curiosidad decir que tenían unos cuantos de Coalla Gourmet.

El pan, 3,24€ c/u.

El personal de servicio está compuesto por la propia Cristina y un chico muy joven pero con muy buenas maneras para su juventud.

La página web está bien pero estaría mejor con el añadido de las cartas.

Sin olvidar el mal detalle del IVA y tal vez la parquedad de algunas cantidades en los platos de carta , sin duda es un restaurante a recomendar. Excelente puesta al día del recetario manchego y de provincias vecinas, técnica, dominio de los contrastes, precios muy contenidos y buen servicio hacen que no sean de extrañar los reconocimientos logrados. Y parafraseando a la famosa guía roja, si se pasa cerca bien merece el desvío.

Maralba

C/ Violeta Parra, 5 Bajo.
02640 Almansa (Albacete)
967 31 23 26 www.maralbarestaurante.es

lunes, abril 01, 2013

Mesón de Pincelín (Almansa, Albacete), por Toni



El Mesón de Pincelín es sin duda uno de los restaurantes clásicos de Castilla-La Mancha y podríamos decir que de España. Fundado nada menos que en 1952, está claro que si mantiene este prestigio desde hace tantos años, por algo será. Actualmente está regentado por los hijos del fundador, Pascual Blanco "El Pincelín".

No está situado en pleno centro de Almansa, pero sí a un corto paseo. A la entrada disponen de una amplia barra en la que se pueden tomar numerosas tapas y en el interior tiene varios comedores y también salones privados.

Una vez sentados en una mesa al lado de la bodega,  nos trajeron la amplísima carta que tiene un montón de entrantes calientes y fríos, mariscos de Santa Pola y Cambados, varios pescados fijos y los que entren de la lonja y carnes variadas.  También bastantes platos se pueden pedir por medias raciones. Precios con el IVA incluído.

  
De aperitivo nos pusieron unas cortezas de cerdo y unas almendras, pero como en tantos sitios, no fueron una invitación de la casa ya que cobran por el concepto pan y aperitivos varios, 1,40€ c/u. No es caro pero como ya comenté muhcas veces quedaban mucho mejor quitando el concepto de aperitivos.

 En el restaurante en el que habíamos cenado la noche anterior, Maralba, nos habían dicho que en  las raciones eran contundentes además de recomendarnos que pidiéramos los gazpachos, por lo que solo pedimos de entrada, media ración de lomo de orza, ajo-aceite, pisto y patatas a lo pobre, 7,25€.  Productos de la tierra, de buen nivel y suficiente para abrir boca. Aclarar que el ajo-aceite es lo mismo que el  alioli.


Haciendo caso de la recomendación pedimos sendos gazpachos manchegos. Los gazpachos con rape, atún, gambas y almejas, 17,85€, no los probé, pero fueron elogiados ampliamente por mi mujer. Como se puede ver en la foto, a primera vista bien parece una pizza.


Yo pedí los gazpachos manchegos con conejo, pollo de corral, pichón, níscalos y caracoles, 13,25€. Plato contundente donde los haya no solo por la cantidad sino por la abundancia de ingredientes. Difícil acabarlos  y además nos apetecía probar un par de postres. tal vez estos platos sean más adecuados a la hora de la comida.



 Uno de los postres que tomamos al parecer es la estrella de la carta y un clásico del restaurante: souflé de melocotón con helado de vainilla, 4,85€, resultón pero que se hace un poco empalagoso.



Más nos gustó la leche frita flambeada con helado de turrón, 6,25€, una de las mejores que recuerdo con un buen helado también. Acompañamos los postres con una copa de dulce de Adaras, 2,80€, olvidable.



 

La carta de vinos bastante decente y con una buena selección de vinos de la región. Tomamos un Cava rosado de Utiel-Requena, Tantum Ergo Pinot Noir Brut Nature, 26,80€, un descubrimiento y uno de los mejores cavas rosados que recuerdo en mucho tiempo.




 
El servicio, veterano y muy competente tanto en sus formas como en el trato. Se notaban los muchos kilómetros de sala recorridos.

Por lo comido, sin duda este es el restaurante recomendado para probar platos del recetario clásico manchego e incluso por lo visto en otras mesas, es también muy recomendable para los amantes del marisco ya que tenía muy buena pinta el producto que llegaba a ellas.  Platos bien preparados, raciones abundantes y precios sensatos, hacen de Pincelín un sitio a tener en cuenta en la ruta Madrid-Alicante.


Mesón de Pincelín

Calle las Norias, 10  02640 Almansa, Albacete
967 34 00 07   www.pincelin.com


lunes, marzo 18, 2013

StreetXO (Madrid), por Toni



Una de las cosas por las que me gusta ir a grandes ciudades como Madrid, es por la enorme oferta gastronómica de la que disponen, imposible de encontrar en ciudades más pequeñas. Un claro ejemplo es StreetXO, el apéndice del afamdo y reconocido restaurante DiverXO, de Daviz Muñoz.

StreetXO se encuentra en el espacio Gourmet Experience de El Corte Inglés de Callao, abierto a finales del año 2012. La verdad es que da la impresión de que no pega allí ni con cola ya que parece uno de esos restaurantes de cocina callejera que se pueden ver en Asia. Esto lo digo por lo visto en televisión ya que no he tenido la suerte de visitar el continente asiático.

Leí sobre StreetXO que era la estrella del Gourmet Experience y el local que más gente atraía. No lo pongo en duda en general pero en nuestra visita fue precisamente el local menos concurrido de todos y con diferencia. Desconozco los motivos de ese día en concreto pero después de un buen rato allí me los puedo imaginar. Primero, la propia oferta gastronómica poco accesible en su concepto para mucha  gent. Durante nuestra comida vimos desfilar a un montón de personas que se paraban a hojear la carta y que luego se iban. Incluso escuchar a alguna comentar algo así como: "Qué cosas más raras tienen aquí. Vamos al mexicano.!".
Otro handicap es que no tienen asientos y hay que comer de pie, y otro es que por lo menos durante nuestra estancia, hacía un calor considerable y eso que nos pudimos poner en la zona exterior de la barra. Cuando entré hacia el interior para coger una de las hojas que tienen como carta comprobé que hacía un calor de camiseta y bermudas, incompatible con la comodidad que requiere comer  y más estando de pie. Es el problema que tiene una barra que rodea la cocina.

Por lo que nos contaron, muchos de los platos están pensados para comer con las manos, pero disponen de cubiertos de plástico en la barra para quien lo desee. No olvidemos de que se trata de un local de comida rápida, aunque viendo las preparaciones yo no lo diría tanto.


 Pedimos tres platos y comenzamos con el cocido "Hong-Kong - Madrid" con tamarindo al carbón, taro y chiles escabechados. 9,50€. Uno que no dejará siempre de ser un diletante en esto del comer, me resulta difícil comentar algo sobre composiciones tan "atómicas" y con ingredientes casi desconocidos. Era más o menos un caldo del cocido sobre el que ponían unas empanadillas rellenas de pollo o gallina, no sabría decirlo, con el toque picante de una salsa de chiles que unido al sabor agridulce del que supongo son responsables el tamarindo y el taro, componían un bocado excelente con una paleta de sabores absolutamente original. Excelente.


 Seguimos con los ñoquis de arroz glutinosos con boloñesa con chorizo ahumado de León y jugo de mandarinas. 12€. Los ñoquis de excelente textura, llevan una estupenda boloñesa con carne de cerdo y chorizo picante, que el camarero que acababa y explicaba el plato nos contó que trañia de su pueblo, La Robla, el toque agridulce del jugo de mandarina y coronado por unos fideos de corteza de cerdo y albahaca espolvoreada. Contundente pero para comer media docena seguidos. Muy bien.


 Y acabamos con el espeto de pollo pekinés y bonito ahumado, tobiko y yoghout pasión-5 especias chinas. 12€. El pollo a la plancha muy especiado con el tobiko y coronado por lascas de bonito ahumado que al contacto con el calor del pollo se expandían y parecía que estaban vivas, todo ello aligerado con el yoghourt agridulce. Otro plato estupendo.



Para beber tomamos cerveza, 3€, carillas y más al no estar muy frías, normal con el calor que hacía. Tenían varios vinos por copas, casi todos tintos que no me parecen los más adecuados a este tipo de comida. Desconozco si tenían carta de vinos.

Como decía antes, un diletante en esto del comer queda descolocado ante este tipo de cocina fusión, más bien ultrafusión, de la que me cuesta hablar ya que carezco de referencias. Pero al final lo importante es lo que hay en el plato, o en el mantel-servilleta de papel parafinado en algún caso, y estos tres ejemplos son absolutamente convincentes, tanto que su casa matriz DiverXO se convierte en objetivo para el próximo viaje si es posible ante los llenos que registra al parecer desde hace tiempo. Pero si se pasa por la zona de Callao sin importar la hora porque está abierto todo el día, no cabe duda de que StreetXO, a pesar de las incomodidades comentadas, es de obligada visita para un aficionado a la gastronomía que quiera probar cosas diferentes.


StreetXO

El Corte Inglés de Callao (Madrid)



lunes, marzo 11, 2013

Paralelo Cero (Madrid), por Toni

 


A pesar de la numerosa comunidad ecuatoriana residente en España no parece muy habitual ver restaurantes de cocina ecuatoriana dentro de nuestras fronteras. Sí en cambio, han aparecido muchos de cocina peruana aprovechando la expansión que ha tenido ésta en los últimos años.


Como dije en su momento de la cocina peruana, desconocía totalmente la cocina ecuatoriana por lo que al enterarme de la existencia de Paralelo Cero y sumado a que nos quedaba bastante cerca de nuestro hotel en Madrid no dudé ni un momento en reservar mesa.




Se encuentra situado en el barrio de Salamanca, concretamente en la calle Villanueva. A la entada tiene una zona de barra, luego un pasillo con mesas altas y taburetes en las que al parecer situan a los comensales que aprovechan algún cupón de descuento de los que se encuentran en Internet y finalmente el sobrio y minimalista comedor.

La carta, con el IVA incluído, se compone de platos ecuatorianos y también de cocina española, incluso jamón, lomo y varios mariscos, aunque evidentemente lo que íbamos buscando era la desconocida cocina ecuatoriana.

Después de un considerable desbarajuste con el vino que relataré más adelante, pedimos la comanda. De aperitivo, ya puesto en la mesa, había un poco de queso y jamón, ambos resecos. Creo que no deberían tenerlo en la mesa ya que vete tu a saber cuanto tiempo llevaba. También una botella de aceite de oliva virgen extra. Sirvieron también una cesta con diferentes tipos de pan, yuca, cristal, etc, de bastante buen nivel. Por cierto, este es otro de tantos restaurantes que inexplicablemente ponen en la cuenta el concepto "pan y aperitivo" , 2,99€ c/u, con lo fácil que es quitar lo de "aperitivo" ya que da una imagen bastante mala el cobrarte por algo que no has pedido.
 
 

Muy notables las croquetas de gallo de corral, 1,50€ c/u, con coco rallado, crujientes y con un relleno contundente. Nos gustaron mucho aunque son potentes como para comer muchas.





En otro entrante fueron los llapingachos, 12€, que son como unos huevos rotos con un puré de patata que deben de pasar por la sartén, longaniza ibérica y una salsa de cacahuetes un poco picante. Eran dos, y como se puede imaginar el lector, bastante contundentes. No fue lo mejor de la cena pero cumplieron de sobra y estaban buenos.

 
 
 
De principales seguimos con la potencia. El seco de gallina, 16€, fue lo que más encarecidamente nos recomendó el maitre y está claro que acertó. Es un guiso de pintada, naranjas, cilantro y chicha y todo envuelto en una crepineta de cordero y con el inevitable puré de patata. Estupendo de textura y sabor y eso que me da la impresión que casi seguro que está aligerado con respecto a la receta original. Merece la pena probarlo.

 
 
También tomamos el hornado de cerdo ibérico, 16€, que consiste en carne de cerdo marinada en especias, horneada y acompañada de mote , cebolla roja y papa chola azul.  Seguimos con una preparación exótica a nuestro paladar que si bien no alcanzó el nivel del seco de gallina no desmereció en absoluto. Bien.
 
 
 
 
Después de estos platos contundentes no llegamos al postre.
 
La parte surrealista de la cena fue con motivo del vino. Primero habíamos pedido un Champagne de André Clouet. Sus buenos 10 minutos después de pedirlo vuelve el maitre con una botella abierta y nos dice que no le queda nada más que por copas. Cambiamos la elección y pedimos un Cava, Juve i Camps. Pasan otros cinco minutos y vuelve a decirnos que tampoco les quedaba y que solo tenían un Cava rosado. Increíble. Le decimos que nos traiga la carta y el asombro se disparó al ver que los precios de esta segunda carta eran entre un 15 y un 20 por ciento más baratos que los de la primera carta que nos dio. No recuerdo algo así en mi vida en ningún restaurante y eso que ya uno tiene una edad y kilómetros recorridos.
Finalmente pedimos un Ossian 2010 que en la segunda carta marcaba a 26€, buen precio para restaurante, pero como nos imaginábamos que pasaría nos lo quisieron cobrar a 30€ que es lo que marcaba la primera carta. El caso es que se lo dijimos al maitre y no tardó ni un minuto en volver con la cuenta rectificada. Una de dos, o ni siquiera lo consultaron para no empeorar el desastre del servicio del vino o es algo que les pasa a menudo al tener cartas de vinos con distintos precios. Cualquiera de ambas opciones es de tarjeta roja y expulsión.
 
 
Obviando este detalle, el personal de servicio fue discreto y eficiente. Bastante tienen con bregar con ese desastre de organización en todo lo relacionado con el vino.

 
Al final un detalle bueno fue que nos dijeron que nos invitaban a un chupito de limoncello Villa Massa, que está bastante bien pero nos extrañó que no tuvieran algún licor o aguardiente ecuatoriano.
 
 
La página web del restaurante es como si no la tuvieran, ya que lleva semanas, por lo menos, remodelándose.
 
 
A pesar del detalle del vino, la cena fue satisfactoria por lo comido. Buen producto, preparaciones notables, precios aceptables para la zona y el toque de exotismo que aporta una cocina desconocida para nosotros. Sin duda, merece la pena conocerlo.
 
 
Paralelo Cero
 C/ Villanueva, 21 28001 Madrid
915 77 69 26 www.paralelocero.es
 


lunes, marzo 04, 2013

Este servicio es una ruina, por Toni


Andábamos dando un paseo por el barrio madrileño de Salamanca  con la intención de tomarnos un vino antes de cenar cuando nos encontramos a la puerta de un afamado restaurante abierto el pasado año y que por lo leído en la red está de moda en el ambiente gastronómico capitalino. Volviendo a recordar lo leído, al parecer en la zona de barra tenía una amplia referencia de vinos por copas y sumado esto al cuidado interiorismo y la humana curiosidad por un sitio de tanta actualidad, no dudamos un segundo en entrar.

Nada más traspasado el umbral de la puerta, nos sale al paso un camarero ya veterano, por edad, y directamente nos suelta:
 -¡¡¿Qué quieren?!!-con un tono de sargento chusquero en plena resaca de pacharán.

 Aquí, mi señora, que era la que evidentemente había entrado en primer lugar, estuvo rápida de reflejos y contestó:
 - Pues lo que se suele querer en estos sitios, tomar algo.
 - ¡Ah!, pues pasen por allí - dijo señalando hacia la barra.

Empezamos bien, pensé yo. Menos mal que de este sitio se cuenta que el servicio es de primera categoría, incluso con un maitre que es premio nacional de gastronomía. No parece que impartiera un curso sobre el servicio a alguno de sus subordinados.

Nos acodamos en la barra, muy "fashion" el ambiente y tal y tal, y le pregunto al camarero, esta vez muy joven:

 -¿Qué vinos por copas tienen?.
 - Ribera y Rioja.

¡Joer!, empezamos bien y seguimos mejor, pensé. Igual que en tantas vinaterías de tercera que tanto abundan últimamente. Espero que a Robert Parker no le hayan dicho lo mismo en su visita a este sitio. Solo faltaba que si le pregunto por los blancos me suelte que albariño y Rueda...

 -Bueno, ¿y en blancos?.
 -Rueda y albariño.

¡Vaya!, fallé en el orden, volví a pensar.

En este momento mi señora casi me tiene que dar una colleja para que mis ojos dejaran de estar en blanco.
Al final nos ponen un Rueda que prefiero no recordar, de esos que es un zumo de frutas tropicales y un Ribera del Duero, con una tapita de aceitunas.

Llega la hora de pagar y le digo a una camarera, también muy joven, que por favor me cobre. Hace la nota, la trae, y en vez de dejarla en la barra e irse a hacer otra cosa hasta que el cliente deje el dinero en la bandejita, allí se quedó a pie firme con los ojos fijos en nosotros y solo faltándole enseñarnos los dientes cual cancerbero guardian de las puertas del averno, hasta que deposité el dinero en la bandeja.

Encima, para acabar de rematar la jugada, nos cobró mal, ya que en vez del Rueda marcó un Rioja, Robatie, a 2,75€.

Y aunque no nos pasó a nosotros no pudimos dejar de observar el detalle que les pasó a una pareja extranjera que se sentó a una mesa alta justo detrás de donde estábamos, con el montaje de vajilla, cubiertos y copas para comer ya dispuesto, que nada más sentarse, otro camarero diferente lo primero que les pregunta es que qué querían beber. ¡Hombre!, que no estamos en la tasca de Paca, que si se sientan a la mesa se supone que es con intención de cenar. ¡Llévales primero la carta de platos!.

No sé, será que como dije en otros post, tenemos una especial puntería para dar con el día malo de muchos sitios, aunque también cabría pensar en cuantas horas diarias trabaja el personal y lo que cobran finalmente. El caso es que la impresión que se lleva el cliente es todo menos buena.

Y por si alguien se está preguntando de qué sitio estoy hablando, no tengo problema alguno en decirlo: Álbora.

lunes, enero 21, 2013

Vino natural de la Axarquía, de Cómpeta o vino’l terreno.







Con los últimos racimos de la moscatel del año, a primeros de septiembre,  feos , pequeños, en gran parte pasificados , numerosas familias en la Axarquía elaboran su vino dulce, que ayudará a pasar el invierno. Siempre ha tenido fama el de la zona de Cómpeta , de forma que normalmente se conoce como vino de Cómpeta o, en caso de rivalidad cainita , vino´l terreno.  Un terreno que son terrazas de pizarra y monte bajo, por darle un barniz de terroir al vino. Uva pisada, fermentada , trasegada y embotellada (frecuentemente en botellas reutilizadas de Pet de 5 lts), de forma totalmente natural y  artesanal, con fortuna , lógicamente, desigual, aunque raramente fallida.  Para los roscos de vino de navidad siempre subimos unos cuantos  litros, de los que siempre sobra la mayor parte . Este año el vino vino especialmente redondo. Escribo esto mientras apuro las últimas gotas…es un vino que se pica según se va acercando el verano.  Sorprenderá a algunos el frescor que tiene en nariz, su gracia  en la boca. El enigma se soluciona con sencillez: prueben una auténtica pasa moscatel de Málaga ,secada al sol,  y verán que , al contrario que esas abúlicas pasas sultanas, en la carnosa uva malagueña palpita aún con vida ese frescor.  Con matices claro, pero el hecho de que exista, y la naturalidad del proceso, dan viveza y complejidad a un aroma que diría de un Kracher aligerado,ese aroma almizclado y de miel propio de la moscatel pasa. El paso en boca es ligero, no llega a empalagar, aunque le ayuda sobremanera ser acompañado de unas migas, a ser posible con sus coquinas y su ensalada ajoarriera. Prometo después  unas siestas memorables. El precio es variable : la garrafa de 5 lts suele andar entre una bolsa de aguacates o una caja de tomates . En todo caso, nunca es caro. Si van por la zona , hay quien embotella de forma presentable esta modesta maravilla. Cómprenla, seguro que no se arrepentirán