Este Pontet-Canet es Pauillac, que sigue a Saint-Julien sin solución de continuidad , al norte del corazón de la orilla derecha de Burdeos, dondereina la Cabernet Sauvignon, en parte gracias a poseer los lechos de grava más profundos de todo el Médoc. 2001 se considera una añada menor y difícil.En él se elaboran 18 Crus classés y tres de los cinco Premiéres Crus de la famosa clasificación de 1855:los míticos Mouton-Rothschild, Lafite-Rothschild, y Château Latour. Pontet Canet es un Cru Classé de la última categoría, la 5ª.
Seduce desde el primer aroma que llega a nosotros, cargado de fruta negra y roja, (sobre todo negra) , madura y compleja. También de maderas, pero esas maderas que huelen a cedro, caja de puros, regaliz, de las que no importa que sobresalgan un poco. En boca tiene un excelente equilibrio y conjunción, con un tanino fino y una estupenda acidez. Tiene eso que llaman elegancia , contrapunteado por un tono de rusticidad para no hacerla cargante, y unabuena amplitud y persistencia. Le falta, solamente, un punto de raza, de punch, de mala leche, para ser un vino grande. Responde a lo que esperaba de un Burdeos.
Nota:83
Me parece una estupenda oportunidad de acercarse a Burdeos por los 50 euros que cuesta, cuando en añadas posteriores, en especial de la gran añada en Burdeos 2005 (que se va a los 160, aunque comentan que está espléndido), este vino va más caro.
La privilegiada zona de Provenza, la famosa Costa Azul francesa, no ha destacado por sus grandes vinos. Dice Oz Clarke en su Atlas del Vino que existen en ella “grandes zonas de tierra sin carácter que producen rosados pobres , blancos sin aroma y tintos quemados, exentos por completo del perfume de lavanda , tomilloy romero que rodean las vides”. Afortunadamente, existen excepciones entre las 7 ACde la zona. Una de ellas es el Château de Pibarnon , de la AC de Bandol, del que alguna vez hablaré. Yotra , sin duda , es este Domaine de Trevallon , una bodega creada por Eloi Durrbach en 1973. Pertenece a la descriptiva AC Les-Baux-de-Provence, aunque se comercializa como un vulgar Vin de Pays por no incluir las tradicionales Garnacha o Mourvèdre en su coupage , casi a partes iguales , de Syrah y Cabernet Sauvignon , El viñedo, que consta de cerca de 20 Ha en la actualidad, está orientado al Norte (lo que en esta parte del paíspuede ser una virtud), en suelos pobres , pedregosos y dominados por la piedra caliza, con rendimientos escasos, para lo que se sigue la poda Guyot de dejar cuatro o cinco yemas por cepa. La filosofía de la empresa pasa por limitar la intervención en el proceso del vino, tanto en el viñedo, evitando la intervención química, como en bodega, no utilizando levaduras exógenas ni correctores de acidez. Los vinos suelen pasar del orden de dos años en barricas de roble francés . Y todo ello me pareció, en este Trevallon del 98,que merecía la pena:
Nariz fragante e intensa, que enamora al primer golpe de olor. Fantástica expresión de la fruta, con unas notas entre lo terroso y lo vegetal tan características de la syrah, con notas balsámicas , aceituna negra, rastrojo y, finalmente , un regusto a cereza y grosella negra. Deje pizarroso. Complejo, con una buena evolución. Una madera ruda pero que aparece en segundo plano y bien conjuntada (al día siguiente se hicieron más protagonistas, junto con unos aromas de carne cruda). Tanino fino. Acidez subida pero integrada, de la que aparece a mitad de la lengua y se va hasta atrás refrescándola con el vino.Sedoso . Equilibrado a la vez que expresivo de un carácter arrebatador. Sereno. Atardecer en un mediterráneo apacible. Fantástico ya.
88/100
44 euros.
Patrick Süskind hubiera reescrito el perfume de conocer su existencia. Grenouille su protagonista se habría desviado en su viaje a Grasse para incorporarlo a su paleta de olores.Cleopatra, no se hubiera bañado en leche de burra. Ellos y muchos más, habrían incorporado este vino a su historia vital.
Este vino no se bebe, se huele, se viaja a la Provenza de su mano.
En nariz el golpe que se recibe es impactante, un golpe de peso pesado delicado, frutal y floral, al beberlo me viene a la cabeza la escena de “Sonrisas y Lágrimas” donde sus protagonistas bailan encima de un prado.
Aparecen expresiones del terruño, grosella, frambuesa, fruta en abundancia pero no compotada, fresca. Balsámico. Aromas a infusiones.
En boca, la entrada es amplia,golosa, pleno, en seguida se dibuja una sonrisa en nuestra cara, acidez,cerezas, frutas rojas y negras. Inunda la boca a cada sorbo
Interrogante: Qué buscasu autor añadiendo un 50% de cabernet al restante de syrah?
Consejo: Si lo prueban no lo mariden, es tan delicado!. Al igual que un jardín no se puede pisotear por cualquier calzado, este vino no se puede mezclar con nada que perturbe su fiesta floral.
Ha sido la última noche en Burgos. No voy a desayunar en la cafetería de otros días, cerca del hotel, bastante agradable; hoy buscaré un sitio en la Plaza Mayor, el coche ya cargado y sólo pendiente de las últimas compras. Antes anoto un dato que he de buscar: el cambio de trazado del ferrocarril, que desde mi llegada me intriga con esas vías muertas ahí al lado. Las cicatrices ferroviarias son renglones esenciales para leer la evolución de las ciudades. Pocas horas, paseos de despedida, otro café… Hay que ponerse en marcha.
Para volver prefiero hacerlo por la montaña palentina hacia Cantabria y luego por la costa. Mucho más bonito pero dará igual, porque cuando cruce esos paisajes ya estará cayendo el sol. De todos modos tengo previsto un recorrido en torno a Frómista, así que esa es la ruta que elijo.
Pero antes hay que comer por la zona.
2-¿Qué hace un restaurante como tú en un pueblo como este?
Parece que la referencia gastronómica más citada por los alrededores es Estrella del Bajo Carrión, en Villoldo. Villoldo es un pueblo palentino de poco más de cuatrocientos habitantes, a 11 kilómetros de Carrión de los Condes, desde donde me desvío para encontrarlo. Pocos árboles, mucho polvo, el cuartel de la Guardia Civil, una iglesia de ladrillo y silencio, un gran silencio. Nadie por la calle, sólo los indicios de actividad agraria. Por no haber no hay ni rótulo que indique el restaurante (que también es hotel)
Pero está ahí, recién reformado. Cuesta encontrar imágenes pero veo que ha pasado de una decoración más clásica, con toque rústico, a una sala funcional que desconcierta un poco pero que es agradable: mucha luz, claridad, mesas amplias bien separadas, ese salón con chimenea enorme. Y se cumple lo previsto, tiene gente y de lo más variado. Vamos a ver los motivos.
Mientras espero las cartas tengo delante una mesa auxiliar con unos pimientos provocadores, hermosos. Entre lo que leo y lo que me recomiendan acabo componiendo un menú. Con los vinos tienen un problema temporal de distribución, ya que su proveedor de Valladolid ha fallado (no sé si cierre, si cambios en el negocio o algo así) y faltan algunas referencias. Total, que yo que quería un vino sencillito, que me esperan todavía kilómetros, me tomé por el precio del Más de Leda que buscaba un Leda Viñas Viejas que sí tenían. Si la casa falla, la casa lo arregla. No es mal detalle que digamos y en algo que no es culpa suya. Hay ganas de agradar, bien.
Como algunos podéis suponer la media de pimientos rojos asados fue lo primero, no pude resistirme a sus encantos. Como se espera de ellos, carnosos, sabrosos, dulzones y suaves, bien asados. Un buen aceite por encima y a disfrutar.
Y otro medio entrante que ya empiezan a ofrecer, las alubias blancas guisadas. Pura manteca aquellas alubias. Guiso tradicional bien mimado, espesito, sazonado en su justa medida, sin timidez pero sin exceso. De toma pan y moja, que se suele decir. Y es verdad porque el caldo lo merece y porque el pan está muy bien, así que no hay que cortarse.
Llega el momento cumbre, el del jarrete de lechazo. Una ración grande con un olor sugerente y un aspecto de foto (lo siento, pero yo en la mesa no suelo hacer esas cosas, así que os lo tenéis que imaginar) ¿Y qué puedo yo decir de esto? Casi me apetece remitiros a alguna buena mano familiar en la cocina o a vuestra guisandera de confianza, que seguro que os lo pueden detallar. Sólo me toca recordar lo sabroso que estaba, lo tierno de aquella carne, su salsa densa. Y como estamos ante una cocina casera, sin remilgos: mejor que sobre que no que falte.
Los postres están especialmente resaltados en carta. Varios indican que se soliciten al principio y su precio es alto en relación con lo demás. Pero cuando lo pruebas lo entiendes. Ahí hay un plus, hay tradición, toque casero pero no sólo eso. Hay mano repostera de primer nivel. Pocas tartas de manzana he comido así. Presentación muy cuidada y equilibrio que raya la perfección. La manzana sabe y conserva su consistencia, el dulzor predomina pero no enmascara, es cremosa pero tiene una base firme. En fin, dechado de tartas.
Para que cada cual valore la RCP desglosemos, que en este caso es significativo: la media de pimientos, 7’00; la media de alubias, 6’50; el jarrete, 20’00; el pan, 1’60; y la tarta, 8’00. Con lo demás (el vino, el agua y el café) 66’10 en total.
Tiempo no puedo perder aunque quiera, que casi no hay otro sitio donde tomar un café y me niego al escrutinio riguroso en el bar del pueblo, así que vamos para Frómista “a ver piedras”.
3-Cuál sería el menor, cuál de mis tesoros el mayor
Me espera una tela de araña arquitectónica en saltos de pocos kilómetros. Lo primero, Frómista, donde ya puedo entrar en algún bar con más calma y anonimato. Esto ya es conocido pero hay que incidir en lo menos turístico. Los grupos se forman en la iglesia de San Martín, que sin embargo padeció restauraciones tan restrictivas que parece una maqueta, un esterotipo con algo artificioso. Santa María del Castillo está “ocupada” por un montaje multimedia que no vi, aunque es otra opción. Y para mí lo más valioso se encuentra en San Pedro, interesante construcción e interesante contenido.
No todo van a ser iglesias. También hay tiempo, al marcharse, para contemplar un prodigio de ingeniería: las esclusas del Canal de Castilla. Desde algunos coches me miran con extrañeza preguntándose qué estaré fotografiando ahí pero yo admiro aquel logro aún en pleno funcionamiento aunque haya cambiado su uso.
Y de aquí a Villalcázar de Sirga, a la búsqueda de más arte y de buena repostería. La tipología del pueblo se conserva poco alterada y es curiosa pero la que se impone es su iglesia, de las de tipo fortificado. Una lástima que estuviese cerrada porque me consta que guarda piezas de gran valor pero su exterior es también admirable. Aquí las restauraciones han sido más sensatas y han dejado un edificio con más vida, con sus etapas reflejadas.
El otro tesoro de Villalcázar es La Perla Alcazareña, su obrador de repostería. Entras del fuerte sol exterior en su penunbra a través de una antigua cortina de macarrón y te recibe un olor que no te va a dejar salir sin comprar algo. Amarguillos y pastas que tuvieron éxito en muchos desayunos y cafés después en mi casa.
Otro vértice del polígono es Támara de Campos, pueblo que me gustó todavía más. Por aquello de las expectativas, ya que no esperaba mucho y me lo dio. Y porque conservaba un poco de todo: arquitectura religiosa y civil, nobiliaria y popular, y todo en muy buen estado. Hay un peculiar “museo” etnográfico que contemplas desde la reja de la puerta, hay elementos de uso agrícola musealizados al aire libre y está la impresionante iglesia de San Hipólito, donde lo más interesante está dentro, sobre todo mientras puedes disfrutarlo a tu aire antes de que la guardesa se percate de que un viajero ha entrado y vaya a hacerle un marcaje estrecho, una defensa al hombre.
La última parada, ya apurada, fue en Santoyo, muy breve, que se hace tarde. Y ya no cuento más, que esto iba de gastronomía.
En fin, carretera por delante, luz en disminución y Oviedo que me espera. Vuelvo a casa.