sábado, julio 18, 2009

La Cigaleña, un lugar en el mundo


Allá que fuimos a La Cigaleña hace unos días cuatro chalaos (Limonta , Jorge Díez, Albertobilbao y uno mismo), con el retronasal del Silex todavía reverberando en nuestra memoria. Como los críos antes de subirse al tren de la bruja , nerviosos y expectantes, alegres también por encontrarnos en tan buena ocasión, con prisa por llegar, por lo que tuvimos que esperar unos minutos a Andrés mientras nos hacíamos con la barra . Limonta: ” Eso me encantó, una fe por este señor que yo no conocía; casi una dependencia. Llega al poco rato y comienza la fiesta. Sorprende con las buenas copas y el decantador para riesling”.

Scharzhofberger Spätlese 1990 de Egon Müller (de subasta , que por lo visto no es lo mismo):

Albertobilbao: “Llevaba años golpeándome su nombre en mi cerebro, era una cuestión de tiempo el vernos las caras. Esta vez la espera mereció la pena, me he propuesto beberme por lo menos una botella del gran Egon, una vez año. Un vino de 19 años y con el color de un recién nacido. Magnífico, recuerdos hidrocarburos, minerales, de orejones,elegancia, sedosidad, uno se lo había imaginado potente y resultó ser más elegante que la mejor Chardonnay, acidez con mayúsculas, tonos cítricos de leyenda. Si le hubiéramos dado un día entero habría seguido hablando, pocas veces me he encontrado con un vino más parlanchín. Dan ganas de aprender alemán para darle las gracias en su idioma al Señor Egon Muller por este vino”.

Jorge Díez: “le hizo demasiada sombra aquella acidez cítrica, aquella nota de limón tan viva. Claro que debajo había complejidad, un gran vino y muchas cosas pero lamentablemente en mi paladar destacaba demasiado lo primero y tapaba lo demás. No llegó a suavizarse mucho en el tiempo que estuvo abierto, si bien las notas de hidrocarburos tan presentes en la segunda prueba eran capaces de echarle un pulso al cítrico pero seguía allí. Demasiado protagonismo que desequilibraba la armonía del vino. Eso sí: hay que suponerle todavía gran potencial de envejecimiento pese a su añada”.

Celia le comentaba a Jorge :” El vino lo comentan efusivamente Eldi más que los demás. A tí y a mi nos parece que la acidez está un poco subidita de tono, pero es un vinazo; Se queda "agarrado" a la garganta, con esa acidez y amargura”

Y es que me pareció algo brutal, un vino inabarcable, que cambiaba a cada sorbo, impetuoso, una acidez vivísima y punzante , de una potencia extraordinaria , que se daba con una armonía especial, una melodía original que se quedó grabada en mi paladar. Dejamos un poco para el final de la comida. Sin ser otro vino, siguió con otras notas más maduras, aunque eso no significara una doma de su embravecida jovialidad. Para mi , una apoteosis de la riesling (93/100).

Luego subimos a un pequeño reservado que tiene Andrés . Limonta: ”En esta estancia, cuadrada, con techos altísimos, sólo cabe una mesa amplia y cómoda, mantel blanco, una mesa discreta, sin adornos, donde sólo destacan las copas. Me encanta. Y silencio sepulcral, ningún olor que moleste, ningún movimiento que despiste. Ideal para hacer espiritismo o para darnos un homenaje como este que nos vamos a dar”, donde seguimos con la fiesta báquica, acompañada de algo de comer , de buen y sabroso producto tratado de forma sobria (a petición nuestra:

Champagne Substance Jaques Selosse (degüelle 2005).

Jorge Díez: “fue fascinante para mí: su color, su nariz, su boca. Como lo definió Andrés –“la mejor manzanilla espumosa del mundo”- nos da idea de lo que vamos a encontrar: un modo de crianza diferente, con soleras y criaderas al estilo de Jerez, y un resultado muy distinto, sin añada definida pero marcado por esa crianza. Presentaba un color tostado, limpio y profundo. En nariz aparecía una primera nota de panadería pero enseguida se enseñoreaban de la copa los frutos secos, avellana, nuez. Un tostado suave y sugerencias frutales maduras de fondo. Corpóreo, firme, consistente, cremoso, con volumen. Una gran boca con la acidez de soporte pero maquillada con gusto, sin que el alcohol tuviera tampoco asomo. Estaban pero no se hacían notar. Todo él envuelto en un halo de vejez madura, sabia, noble derivado de su particular crianza.

Albertobilbao: “Elegante y solemne desde la primera copa, mi baremo a partir de ahora a la hora de hablar de champagnes, persistente, largo, inmensa su profundidad, tonos tostados, frutales, cuál será el secreto para conjugar tonos ajerezados con tonos joviales, para definirlo se me quedó grabada la definición de Andrés, "La mejor manzanilla del mundo".
Cremoso sin molestar gracias a una acidez que hace que cada paso por boca sea una fiesta
En el retronasal se presenta la mineralidad. Auténtica joya, pocos vinos se me ocurren para acompañar a uno en la vejez, un vinazo que aguantaría cualquier maridaje en un menú degustación”

Dile: “es oloroso y Blanc de Blancs. Oxidativo y fresco. Hondo y cosquilleante. Complejo y sencillo a la vez. Maravilloso” (90/100).

( Jorge: “las croquetas eran muy correctas y especialmente sabrosas las de bacalao. Las cocochas también destacaron por su buen sabor, así en estado puro”).

Luego nos pusimos en manos de Andrés. El presupuesto apretaba y no se lo pusimos fácil cuando le dijimos: Borgoña. Y se lució al conseguir dos buenos vinos , disfrutables ya y que no se iban de precio. Vamos, hablando de Borgoña y de apellidos como Vosne-Romanée y Meaursault, el más difícil todavía :

Meursault Domaine des Comtes Lafon 2006.

Albertobilbao: “Acierto de Andrés, uno conocía remotamente la presencia de este productor, pero no es fácil acertar con el momento óptimo de beber un Borgoña y acertó de pleno, reconciliación con los vinos de Borgoña, prometo no dudar nunca más. Fruta y más fruta, untuoso, graso, notas características de la grandeza de la Chardonnay
Floral, fruta blanca, toques herbáceos, eran innumerables los matices que tenía este vino
Acidez en linea de los vinos que han hecho grande a esta zona, me hubiera bebido toda la añada, adictivo hasta decir basta
Uno tiene la costumbre cuando le gusta un vino y no lo conoce investigar sobre él, algunos dicen que hoy en día es la mejor bodega de Meursault, me faltan conocimientos y sobre todo experiencia para corroborarlo pero me pareció sublime
En este vino en contraste con el vino de Arnaud Ente, la madera para mí gusto estaba perfectamente integrada y además evolucionaba en copa, crecía cada vez más y rompía una leyenda la de que los vinos de Borgoña necesitan tiempo. Este ya estaba en su cénit pero con mucho horizonte todavía en su vida”.

Jorge Díez: “me resultó muy curioso por la falta de rasgos destacados. Era un vino que gustaba, gustaba mucho, se bebía con facilidad, y sin embargo no sabría decir por qué. Hubo un momento en que le pregunté a Alberto qué notas le encontraba y nos quedamos un poco en blanco. Era muy bueno pero costaba sacarle los rasgos diferenciales. Tenía una limpidez llamativa y era agradable en nariz y en boca desde el primer contacto pero resulta difícil desglosar elementos olfativos y gustativos. Sí recuerdo también su carácter untuoso”.

Eldi: “En contraposición al Arnaud Ente, aquí sí encontré la corpulencia de Meursault, la grasa, a la que una buena acidez le quitaba lo que pudiese tener de pesadez. Una barrica ligera y una chardonnay expresiva daban notas de crema pastelera , de mantequilla tostada, junto con una buena y concentrada fruta, notas de hierba, manzana y piel de limón. Buen vino (83/100)”

(Jorge: “de las mollejas, bien preparadas y con todo el protagonismo, al margen de la guarnición. Quizá otro punto álgido de la manduca fueron los bocartes, tan sabrosos y con un rebozado fino, en su punto de fritura”)

Vosne-Romanée Clos Du Chateau Monopole Domaine Du Comte Liger-Belair 2005.

Jorge Díez: “también me tocó la fibra sensible. Ese color borgoñón inconfundible, suave y elegante, esa nariz de cueros finos, toda una promesa de un gran estilo en boca no carente de fuerza, de personalidad. Buena acidez pero ninguna estridencia. Dulzura y fruta en sazón, todo tan armónico que me cautivó. Al igual que su pariente en blanco, era un conjunto perfecto pero no era fácil señalarle rasgos en detalle. O quizá a estas alturas ya no me apetecía, sólo me dejaba llevar por el disfrute de un gran vino”.

Albertobilbao: “Conocía la zona, y sabía por experiencia de los buenos ratos que nos ayuda a pasar, pero su productor me era completamente desconocido, Andrés nos presentó este libro, un título que nunca olvidaré
Borgoña, cuánto nos das, cuando te presentas en estado puro!!!
Fruta roja para parar un tren, cueros viejos, me recordó a un toro bravo, no paraba en sus embestidas, pero con nobleza en este caso elegancia de la mano de una acidez que nos pedía una y otra vez seguir bebiendo. Pena que no fuera en formato de magnum
Vino que reflejaba lo que es el respeto al viñedo, para mí era más terroso que mineral, fiel reflejo de una añada excepcional.
Si los guantes de seda fueran líquidos, este vino sería uno de ellos”.

Eldi:” Borgoña en estado puro. Cueros y pinot noir.Una delicia (85/100)”.

Limonta: “no me extasió”.

(Jorge: “el bonito era una buena pieza y también cumplía su promesa de sabor. Quizá hubiésemos agradecido un punto menos de plancheado aunque es más la textura seca de por sí de ese corte que defecto de cocina. En todo caso combinó bien con lo demás y se entendieron él y el tinto”).

Dönhoff Niederhäuser Hermannshöhe Riesling Auslese 2001.

Albertobilbao: “Fue la única no obra maestra de la comida, pago legendario, como el de Muller, cualquier aficionado lo lleva tatuado. Me gustan más de este productor los trocken que los dulces, recientemente probé uno del 2007. Me gustó pero no me emocionó
Eché de menos una mayor complejidad, los tonos cítricos y florales predominaban, pero a uno le gustan en estos vinos un mayor punch, una mayor fuerza, un mayor recuerdo”.

Jorge Díez : “ese tesoro de acidez bien guardada y azúcar con una doma perfecta para contrastar con el postre. Poco se podría criticar a la regularidad de elaboración de esa bodega, a su excelencia en cada nivel y tipo de vino. Y esta vez cumplió de maravilla. Las notas, las típicas de los de su estilo en su mejor expresión”.

Eldi: le perjudicó sin duda el Egon Müller, porque parecía como montarse en un pony después de hacerlo en un caballo de carreras. No le ayudaba tampoco ese estilo delicado, femenino, tan particular de Dönhoff, cuando llegábamos yaa las últimas cuestas de este Tourmalet. Curiosamente, siendo un Auslese del 2001, se presentaba más maduro que el Müller. También lo tomamos demasiado pronto, porque unos añitos de botella seguro que le sentaban bien.Precioso color dorado brillante. Complejo , delicado, callado, armonioso, me pareció un buen vino que no tomamos en el mejor momento (79/100).

Madeira de Henriques and Henriques 15 years old , Sercial .

Jorge Díez : “me gustó mucho, con esa melosidad, ese dulzor contenido, acidez recia pero presentada con prudencia. Sin embargo intuyo que estábamos ante un acercamiento tímido a ese tipo de vinos, que hay un largo y complejo camino que recorrer en ellos”.

Albertobilbao: “Visitante inesperado a la fiesta, un bonus track, de lujo, me recordó a los grandes amontillados, frutos secos, corteza de naraja, largo, enorme su poderío
Vino con recuerdos a cognacs bebidos al abrigo de una chimenea en invierno
Otro gran acierto de Andrés”.

Resumiendo, Jorge: “ Si tuviera que conceder mis galardones particulares serían para el Champán y el Borgoña tinto, para las croquetas de bacalao y para los bocartes y, por supuesto, para mis tres acompañantes. Aparte quedaría la mención de honor, el premio a una trayectoria –aunque todavía le queda carrera por delante- para Andrés Conde”.

Un lugar del que no queríamos marcharnos (para desgracia de los camareros).Al que queremos volver cuanto antes. Un lugar en el mundo donde encontrarnos.


Restaurante Bodega Cigaleña
Daoiz y Velarde, 19
Santander
Teléfono: +34 942 21 30 62

lunes, julio 13, 2009

Largo do Paço (Casa da Calçada) (Amarante, Portugal), por Toni



Amarante es una bonita ciudad del norte de Portugal, a medio camino entre Vila Real y Oporto. Tiene numerosas mansiones del siglo XVII con sus balcones de madera pintados, pero destaca principalmente su conocida
estampa del monasterio de Sao Gonçalo y el puente sobre el río Tâmega donde hace justo dos siglos los portugueses defendieron la ciudad del asedio de las tropas francesas del mariscal Soult.


Ya comenté en alguna ocasión que me resulta difícil de entender que aquí también, los hosteleros no tengan en sus negocios carteles en el idioma de por lo menos el 70% de los turistas que visitan su ciudad por la lógica de la cercanía. Como se puede ver en este y en otros carteles, la ausencia del español es lo más normal. Una estúpida manera de perder clientes, también demasiado habitual en España con respecto a los clientes portugueses.



El hotel Casa da Calçada perteneciente a la cadena francesa Relais et Châteaux se encuentra situado justo enfrente del monasterio y alberga el restaurante Largo do Paço, uno de los pocos restaurantes portugueses que tiene la codiciada estrella Michelin.
La sala está decorada en un estilo clásico sin estridencias, y las mesas que están al lado de los ventanales tienen unas fantásticas vistas del monasterio y el puente.



Tienen 3 menús degustación, el más caro de 100€, excesivamente dominados por el marisco. Hablan en la presentación de la carta del predominio del producto de la región, pero no me parece que el bogavante, las ostras y las vieiras sean muy típicos del Douro. También es de justicia decir que en bastantes platos de la carta utilizan ingredientes de la zona sobre todo en las carnes como luego comprobamos.


Precisamente como cortersía del chef nos trajeron ostras, vieira y bombón de foie con frambuesa, en un par de unidades de cada. El bombón era una golosina muy sabrosa y refrescante y las ostras y la vieira me comentó mi mujer que eran de muy buena calidad especial mente la vieria que venía en una cucharilla con una salsa de aliño.

No acabaron aquí las cortesías ya que también nos pusieron otro aperitivo de rape con caviar sobre cous-cous de naranja, una buena idea estropeada por un excesivo tiempo de plancha que hacía que el rape estuviera seco y tirante.

Tardaron un rato largo en traernos los entrantes. Magnífico el Foie Gras: escalope lacado con chocolate blanco, sorbete de balsámico blanco y caldo de remolacha acidulado. 23€. Impecable plato, con un sabrosísimo foie que armonizaba de vicio con el helado de chocolate y que el dulzor general tenía el comtrapunto del sorbete y el caldo de remolacha.
Ahora la crítica: era minúsculo. He comido menús degustación en los que los platos tienen más cantidad que el de este. La foto no lo aclara mucho al tomarla demasiado cerca y por mi conocida falta de habilidad con la cámara, pero aseguro que se podría haber comido de dos bocados perfectamente. Excesivamente caro.




La misma crítica vale para el Novillo Maronês "Versión 2009": pequeñas láminas de novillo con flan lacteo, caviar de erizo de mar, patata brava y rúcula salvaje. 19€. Un carpaccio de carne de raza maronesa, muy sabroso, con un goloso flan, la pincelada del caviar de erizo y una minúscula patata. Bien la concepción del plato y el sabor pero diminuta cantidad por el precio cobrado.





También se tomaron su tiempo para traer los platos principales. El Cordero de Terrincho: carré en costra de gengibre, puré de patata roja, vegetales glaseados y salsa de wasabi. 27€.
El cordero tenía un buen sabor, intenso, con una suave costra y una salsa que no dominaba el plato, al ser el wasabi muy potente. Nos gustó.





Mejor todavía resultó el Porco Bísaro: "cachaço" cocinado léntamente, puré de zanahoria con vainilla, crema de "alheira", ragout de frutos y salsa de grelos. 24€. Magnífica puesta al día de un plato con ingredientes tradicionales de la zona. Estupenda la carne del cerdo bísaro, de potente sabor, suavizado por un original puré de zanahoria y con el toque tradicional de la crema de alheira y la salsa de grelos.



Curiosamente nos dijeron que si queríamos más no había problema en traernos otra ración. Buen detalle poco habitual en un restaurante de estas características.

Antes de llegar el postre solicitado nos trajeron otro pequeño postre también por cortesía del chef, pero del que sólo recuerdo que era un pastelín con algo de chocolate. Al final, en los postres se repite la tónica de las entradas: muy escasos y caros.





Sólo tomé Almendra: bizcocho encrudecido de almendra, sorbete de albahaca, granizado de tomate y caldo de vainilla. 11€. Aquí se aprecia algo más la parquedad del postre en relación al plato. A pesar de ello el bizcocho estaba bueno pero lo poca cantidad del resto de acompañamientos casi no permitía su disfrute.




Algo que pienso que deberían mejorar es el ofrecer una carta de vinos dulces por copas con los postres y sobre todo estando en la zona del Douro con sus magníficos Oportos.

Para beber tomamos un Quinta de Baixo Garrafeira 1997. 40€. Un vino de la denominación Bairrada con una sorprendente acidez para los años que tenía. Buena carta de vinos con precios muy altos como era de esperar.

Al final el maitre tuvo el detalle de invitarnos a una copa de Vinha Paz 2006.

El pan no se cobra como en casi todos los sitios menos España, y era de muy buena calidad. El servicio sorprendentemente algo inexperto aunque simpático y agradable en general.

Como curiosidad, comentar que el IVA en Portugal para los restaruantes es del 12%, y que por supuesto siempre está incluído en los precios.

En resumen, un buen restaurante en conjunto, aunque deberían vigilar los precios de los entrantes y los postres, ó en su defecto aumentar algo el tamaño de las raciones. En su descargo, reconocer que ofrecen varias invitaciones de la casa.
Como ya comenté creo que es mucho mejor la opción de ofrecer productos de la región como las magníficas carnes que tienen en carta que basar los menús degustación en tanto marisco, y sobre todo con la capacidad comprobada de usar esos ingredientes en composiciones modernas actualizando la cocina tradicional de la zona.

Sin duda, una opción distinta y recomendable en comparación con la mayoría de alternativas de alrededor.


Nota general: 6,75

Emoción: 7


Largo do Paço (Casa da Calçada)

Largo do Paço, 6, Amarante (Portugal)

http://www.casadacalcada.es/


toni


jueves, julio 09, 2009

Meursault Clos des Ambres de Arnaud Ente



Albertobilbao y yo volvimos a hacer una cata en paralelo, aunque en este caso hubiera alguna fuga en el entreacto, lo que no impidió que encontrásemos algunas diferencias en nuestras apreciaciones, que quizás estuviesen más en las expectativas con las que nos enfrentamos al vino que en lnuestros propios paladares:



Alberto:


Acceder al territorio de Borgoña se antoja para cualquier intruso como el que escribe estas líneas como una aventura quimérica. Borgoña es un territorio mítico para el aficionado del vino como puede ser para el cinéfilo oír el nombre de Monument Valley o el aficionado a la literatura apelar al recuerdo de Macondo. Son iconos, pieles que forman parte de nuestro tejido sentimental, bastones que nos ayudar a ser más felices. Borgoña es para cualquier amante del vino la tierra prometida, el cielo, el Shangri-La del Dios Baco.


Como mejor se puede conocer es acotarla por zonas, en este caso utilizaremos como anfitrión a Arnaud Ente, conocido como el “protegido por Coche-Dury”. Uno de los grandes, hay que ponerse de pie para rendirle respeto.


La zona en la que se encuadra Meursault es Côte d'Or, nombre precioso para identificar un territorio, donde se encuentran los vinos más caros y famosos de Borgoña. Esta a su vez se divide en Côte de Nuits (mayor presencia de tintos) y en Côte de Beaune. Meursault se encuentra dentro de esta última.


Todos los años se celebra la comida conocida como Paulée de Meursault, en dicho festín, los viticultores y trabajadores del campo aportan su mejores botellas.


Se encuentra en el podium de los grandes vinos borgoñones blancos, junto a Puligny-Montrachet y Chassagne-Montrachet.


Los vinos blancos de Meursault son considerados los más grasos y opulentos, más potentes de lo que se acostumbra en Borgoña, algo a lo que sin duda ayuda también el 'bâtonnage' y la madera utilizada durante su crianza.


El vino que nos ocupa lleva el nombre de “Domaine Arnaud Ente Meursault Clos des Ambres 2005”.Huelga decir que hablamos de Chardonnay y en esta ocasión por suerte con mayúsculas, expresión pura de la misma

En palabras de Paco Berciano “ tiene 4,2 hectáreas de viñedo muy viejo, al que se limita mucho su rendimiento, de forma que apenas produce. Se trabaja de una forma tan rigurosa el viñedo que hay una persona contratada por cada hectárea. Los vinos fermentan en barricas de roble de 600 litros, de los que un 25% es roble nuevo. La crianza en barrica dura 12 meses y después los vinos pasan a un depósito otros seis meses. Clos de Ambres tiene 1,6 hectáreas, con cepas de más de 50 años”.


En este vino vemos una característica esencial de Borgoña, el minifundismo que impera lo que acarrea el precio que alcanzan sus vinos y lo difícil que es conseguir una botella. Las otras dos características esenciales son el terroir y el clima, culto absoluto al primero y cualidad esencial la segunda, sin el clima que se da no se podría entender el vino que se produce en Borgoña. Ambas son vitales a la hora de catalogar un vino.


Me hubiera gustado beber este vino a ciegas, sin referencias, añoro los tiempos en que era un simple aficionado al vino, la inocencia perdida, ahora cada vez que me enfrento a un Borgoña espero ver dentro de la botella, el regate imposible de Maradona o la verónica irrepetible de Morante, el cruzar la frontera de afición a pasión, de convertirse en algo enfermizo te hace cada vez más complicado disfrutar, siento que si me hubiera enfrentado a este vino de forma desconocida, sin conocernos ni yo a él ni él a mi, el disfrute hubiera sido mayor.


El vino se presenta en su fase visual de color amarillo pajizo, con ligeros tonos verdosos, resulta limpio, lágrima densa. La Borgoña no se suele permitir suciedades, su presentación suele ser encomiable.


En nariz me resulta untuoso, graso, con notas tropicales, la mantequilla está presente, flores blancas, recuerdos herbáceos, me hubiera gustado sorprenderme con su mineralidad pero ésta no se presenta a la cita. En boca, resulta sedoso, largo, sutil, elegante pero no complejo, se echa en falta ese plus, ese punch, que es el que hace legendarios los vinos en nuestras vidas, la acidez está bien marcada como para mí gusto se encuentra también la madera, demasiados tostados y demasiada poca fruta. Gracias a esa acidez resulta fresco por lo que es fácil beberlo.


Un matiz que siempre busco en los vinos es su evolución, este vino se estancó rápido, me recordó a una persona que te llama mucho la atención en las primeras conversaciones, pero que enseguida te das cuenta de que ya te ha contado todo, de que no da más de sí, este vino en su segunda copa se quedó mudo, no se vino abajo pero no cruzó el Rubicón de mis emociones.



Eldi:


El vino en copa tiene un color amarillo pajizo vivaz, limpio. En nariz huele a Chardonnay: a noisette, hierba recién cortada, miel , nuez moscada y lima. En boca es Borgoña. Y Chardonnay y Borgoña me ponen , por poco bien que se lleven, los vellos de punta y una sonrisa en mi boca. Tiene un paso con buena amplitud, una acidez natural, perfectamente integrada, lo mismo que la madera, con esas notas ahumadas, acres que son el contrapunto perfecto a esas otras de mantequilla o crema pastelera. Tiene fruta madura y fresca. Un retronasal largo , donde, después de los perifollos, la chardonnay muestra un fondo robusto, casi animal. El vino se da casi desde el primer sorbo, y es dúctil , honesto, tierno, de una elegancia callada. Es muy suave, armonioso, fácil de beber. Dejé media botella para compartirla con un amigo el segundo día y ya se había caído bastante, dominando la notas terciarias: la madera que ayer se daba imbricada, ahora dominaba, lo que no impedía que este amigo, aficionado al vino de los que no cruzan los Pirineos, me decía con voz entrecortada que era el mejor blanco que había tomado en su vida. Siendo como era su primer Borgoña , tampoco es algo de extrañar. El vino no es uno de los grandes , aunque pudiera estar entre los buenos de los menores. En la zona del mundo con el sistema de clasificación más minucioso del mundo, no llegar a Premier Cru probablemente signifique algo. Lástima que Borgoña se venda cara: la botella de una buena añada como esta puede llegar a los 70 euros

En todo caso, llegado el vino a la copa, lo mejor es olvidarse de todo, dejarse transportar y disfrutarlo a fondo, porque una buena Chardonnay de Borgoña es sin duda que nos hace sentir afortunados.




lunes, julio 06, 2009

Resultó ser un adiós , por Jorge Díez

*


En mi pasado cumpleaños fui a comer a Los Tres Caracoles pero no se trataba de una celebración propiamente. Reservé por costumbre aunque sabía que un sábado al mediodía siempre hay sitio; tendría alguna mesa más ocupada alrededor pero podría escoger, como otras veces. Me apeteció porque llevaba tiempo sin ir y porque siempre salía satisfecho, así que era un buen pretexto. Celebrarlo ya lo había celebrado en otro lugar y con más gente, no necesitaba excusa, no para ir a ese restaurante. Al fin y al cabo era algo cotidiano, como tantos vinos los jueves mientras leía El Yantar y comentaba con el personal alguna novedad, incluso algún chisme; como tantos vinos de sábado al mediodía, hora propicia para los generosos; como tantos aperitivos que en un guiño me sacaban de la cocina en esos momentos flojos en que poco más que la terna de erres había en las copas: Rioja, Ribera, Rueda, pedidos así. Las conversaciones giraron muchas veces en torno a la crisis y la hostelería, suerte que ellos estaban tan bien situados y tenían un público bastante constante, un poco conservador para sus intenciones pero fiel.

Empecé esa comida con uno de sus clásicos: la pizza de foie, esa masa fina crujiente con las láminas de foie que se van fundiendo mientras la comes. Qué curioso, nunca la había pedido antes en todo este tiempo. No buscaba sorpresas, me dejé guiar por el apetito más simple; me pareció bien pedirla ese día sin ninguna connotación más. Creo que casi todo el mundo que haya comido allí la conoce, siempre tuvo éxito y así se había mantenido en carta desde que la presentaron.

De principal sí probé algo nuevo, mollejas de lechal con navajas. No sé qué os parece a priori la combinación pero a mí me gustó. Las mollejas son producto fetiche para Álex Sampedro y quiere tener siempre en carta algún plato basado en ellas pero esta combinación, un mar y montaña al fin y al cabo, estaba resultando demasiado audaz para el público habitual. Así me lo dijo Aroa después de haberlo probado.

De postre, helado de cacao, merengue y frutos secos, fresco y sabroso, poco más que describir que lo que dice su nombre. La capa de buen merengue, cremoso, encima,y la base de chocolate con la presencia de frutos secos enteros en la pasta.

La lune 2007 de Mark Angeli acompañó esta comida. Media botella y la otra media con tapón de vacío para casa.

Todo como de costumbre, sin grandes sorpresas, muy agradable, bien atendido… Comentarios sobre los platos, sobre el vino, en fin, casi como en casa.

Al salir iba pensando que me apetecía hacer un post al uso de aquella comida pero luego lo medité mejor. De Los Tres Caracoles estamos hablando siempre, y además ya tenía El Diletante dos anteriores. Mejor no, ya habría oportunidad con algún menú especial, alguna jornada monográfica, lo que fuese.

La semana siguiente volvería, como siempre. Si no antes, el jueves casi seguro. Pensaba comentar lo que me había pasado con La lune, igual que en una ocasión anterior con otra añada: en mesa, recién abierto, estupendo; lo demás, conservado con vacío y frío y consumido al día siguiente, plano, muerto por completo. Qué curiosos resultan a veces los vinos. Seguramente no me podrían dar noticia de otros casos porque supongo que pocos clientes más iban solos y pedían vino, o al menos ese tipo de vinos. No lo sé.

Pero ese jueves el ambiente era tenso; las caras, largas. Faltaba personal y con sólo unas pocas mesas reservadas para esa noche no cogían a nadie más porque no podrían cubrir barra y esas mesas a la carta y a distinta hora con una persona solamente en la sala. ¿Alguien de baja?, ¿un abandono imprevisto? Nunca pregunto ese tipo de cosas, que yo al fin y al cabo no soy profesional, sólo cliente.

Y entonces vino la noticia, casi confidencia: cerramos. Me quedé frío. ¿Qué pasa? Los inversores mayoritarios quieren dar otra orientación al negocio, reducir personal, cambiar la línea de productos, cosas que no tienen nada que ver con el proyecto de Álex y Aroa, así que se van. Se tomarán un tiempo para pensar y descansar y buscarán un camino acorde con su idea de restaurante. Ya tuvieron que dejar en su día La Casa de la Ribera. Demasiadas renuncias, demasiados sinsabores, eso no sería ya su casa. Ni la mía, ni la nuestra.

Aproximadamente cinco años de agradable trayectoria, espero que por ambas partes, de sus clientes, incluso amigos, y suya, del personal que ha pasado por allí y ha emprendido su propio camino y de quienes tienen que emprenderlo ahora. En ese tiempo fue uno de los bares más apropiados para disfrutar de una oferta buena por copas y mejor aún en su carta por botellas, y fue uno de los restaurantes más seguros por regularidad y relación entre calidad y precio en el casco urbano de Oviedo. A su favor tuvieron también una buena sala y un emplazamiento envidiable. Por supuesto que habrá gente descontenta, que habrán cometido fallos, como todo el mundo, como algunos habituales de nuestra tertulia (y no habituales también) han señalado, pero el balance general creo que es positivo.

La cocina de Álex Sampedro en Los Tres Caracoles fue ecléctica, desprovista intencionadamente de las mayores audacias para dirigirse a un público amplio. Pinceladas de técnicas nuevas sobre productos bien reconocibles y en raciones abundantes, que en Asturias esto pesa mucho. Los cambios justos en la carta: productos de temporada, renovación de recetas manteniendo alguno de sus ingredientes predilectos… Varios platos pasaron a clásicos enseguida y se tuvieron que mantener por el favor de los comensales, incluso cuando se retiró alguno recientemente la gente lo seguía reclamando. Creo que esto prueba el acierto de la fórmula, aunque haya más profundidad en esa cocina, capacidad para más. Pero agradó durante todo este tiempo sin renunciar a la calidad ni a un determinado nivel. Lo mismo podemos decir de la bodega, si se me permite citar a este apoyo imprescindible. Además del cuidado que Aroa ponía en este aspecto, de sus pruebas y comentarios, de tantos cambios de impresiones con la gente que mostraba afición, es justo reconocer la buena mano de Coalla en el asesoramiento y provisión de un buen surtido de vinos, amplio, bien pensado y también abierto a todos los públicos, desde vinos modestos y conocidos a botellas más selectas, con un digno apartado internacional.

Cuando ese mínimo que se habían marcado Álex y Aroa se vio comprometido llegó el momento de irse, de cambiar de rumbo.

Salí de aquella comida, de la que empecé hablando, con la idea de que era otra más, de que volvería en cualquier momento (si quedaba con…, si celebraba tal o cual cosa, en cualquier ocasión) No pensaba ni por lo más remoto que iba a ser la última. Volví el siguiente jueves convencido de que seguiría siendo una parada fija cuando me apeteciese tomar un vino, cuando viniera de visita cualquier amigo y quisiera enseñarle mis favoritos. Nada me hacía creer que sería el último. Pero lo fueron, la siguiente vez que pasé por delante sólo la verja y el cartel de cerrado; resultó ser un adiós.

Un poco más huérfanos pero optimistas, a los aficionados a estos temas nos gusta pensar que no, que es sólo hasta pronto. Veremos.

(Con todo merecimiento dedico estas líneas a Álex y Aroa y a toda la gente que trabajó con ellos por los buenos momentos que me hicieron pasar en su casa. Les deseo la mejor suerte y ojalá volvamos a vernos pronto ante una buena barra y una buena mesa.)




* foto tomada de la web de The Fartons

jueves, julio 02, 2009

Virrey Palafox (El Burgo de Osma, Soria), por Toni



Soria es una de esas provincias españolas casi invisibles al turismo masivo como pueden ser también Albacete, Guadalajara, Ciudad Real, Orense... Tremendo error ya que tiene de todo: variedad de paisajes, naturaleza bien preservada, pueblos monumentales, pueblos con arquitectura tradicional, materias primas de primera calidad, etc.

Uno de esos pueblos monumentales es El Burgo de Osma
con su calle mayor, murallas y sobre todo la imponente catedral dominando la villa.

Nos hospedamos en el hotel II Virrey de 4 estrellas, aunque evaluando la habitación que nos tocó le daríamos como mucho 3 siendo generosos.

Mejor en comparación resultó el restaurante Virrey Palafox situado a unos 400 metros del hotel.
La entrada no hizo presagiar nada bueno ya que coincidimos con una cena de empresa con tanta gente que parecía una boda y fue un poco caótico conseguir llegar al comedor en el que teníamos la mesa reservada al que no le vendría mal una renovación en profundidad.

El primer vistazo a la carta nos indica que es el típico restaurante tradicional con una gran cantidad de platos, incluso de pescado. En bastantes de ellos utilizaban hongos y venían marcados con un asterisco para la fácil localización. Y lo mejor es que los precios tenían el IVA incluído como en varios restaurantes del Burgo de los que nos fijamos en su carta. Podría ser motivo de felicitación pero en realidad no hacen más que cumplir la ley, algo que no se puede afirmar de la mayoría de restaurantes de otras regiones.

Si hay algo en lo que no mejoro es en la calidad de las fotos que saco por lo que pido disculpas al lector por incluirlas ya que pienso que por lo menos dan una idea de los platos tomados.




Mientras mirábamos la carta nos pusieron un aperitvo de la casa consistente en lomo y croquetas de hongos. Correcto el lomo y magníficas las croquetas con gran cantidad de relleno.





Rápidamente llegaron los entrantes. Tanto que todavía no nos habían servido el vino ya que nos tuvieron que cambiar la primera botella por motivos que explicaré más adelante. Fallo elemental de servicio.



El risotto de hongos con foie y mollejas de pato, 10€, estaba algo reseco, aunque sabroso. Curiosamente los trozos de foie no venían ligados con el arroz sino que estaban aparte, acompañados por unas lonchas de jamón. Para otra vez mejor menos prisas y menos microondas.






Mejor resultó la tarrina de hongos y foie, 10€, en una buena ración y con un sabor intenso, potente y como diríamos de un buen vino, muy largo. Plato totalmente recomendado para quien se acerque al restaurante.





Después de un par de días de embutidos, lechazos y carnona en general, nos apeteció más tomar pescado. La ventrisca de atún con cebolla confitada, membrillo y harina de naranja, 23€, aportó el ligero toque de modernidad a la cena. Nos llamó la atención que se le llamara "ventrisca" al estilo vasco y asturiano. Como casi siempre digo, un pelín menos de fuego le hubiera venido bien, pero en todo caso estaba muy buena, armonizando perfectamente con el toque dulce del membrillo y la cebolla confitada. La harina de naranja tenía una presencia testimonial a un lado del plato.



Curiosamente la merluza "Virrey" con salsa de hongos y cebolla confitada, 19€, coincidió con el atún en este último ingrediente que creo que no le va demasiado al sabor suave de la merluza. Combinaba mejor con la salsa de hongos, rebajada con respecto a la de la tarrina de entrada. El punto de la merluza más conseguido con el resultado de un gran sabor.




A duras penas llegamos al postre y sólo tomamos una tarta de hojaldre, 5,50€, realmente notable. La acompañamos con sendos chupitos de Brumas de Ayora Malvasía, 5,61€ y Blandy's Malmsey Madeira, 4€. Tuvieron el buen detalle de ofrecernos por cortesía de la casa repetir chupito.




La carta de vinos raquítica en blancos y espumosos, como de costumbre, y enciclopédica en Riojas y sobre todo Riberas del Duero tintos. En principio pedimos una botella de un Priorato blanco del 2003 que resultó estar evolucionado. No tuvieron ningún problema en retirarlo y acabamos tomando un Belondrade y Lurton 2004, 29€, extraodinario, prueba de que algunos blancos españoles modernos sí que aguantan algunos años perfectamente.

El pan costó 1,80 € c/u. Servicio muy veterano pero competente en general salvo el fallo comentado.

Sería muy interesante probar los platos de carne en los que supongo que se desenvolveran muy bien pero el nivel general fue muy aceptable en conjunto. Cocina tradicional, algún guiño actual y raciones contundentes. Se come bien, por lo que ¿qué más se puede pedir?.

Nota general: 6

Emoción: 6,75

Virrey Palafox

C/Universidad, 7, El Burgo de Osma (Soria)
975 340 222
http://www.virreypalafox.com/virreypalafox/iivirrey.htm


toni