
La Chenin Blanc tiene parte de la culpa de mi afición al vino, en el mejor sentido de la expresión. Más concretamente un la Lune de Mark Angeli. Un torrente de fruta y naturalidad que no se parecía a nada de lo que había probado antes. Una frescura que invitaba a seguir copa tras copa. Y desde entonces hasta hoy he trasegado cientos de vinos, descubriendo un mundo que solo en aquel momento empezó a vislumbrase. Y por supuesto he recaído con frecuencia en la Chenin Blanc, una uva que siempre se muestra asequible y amistosa. He bebido muchos Chenin Blanc y , salvo alguna botella más decrépita que madura, nunca he dejado de disfrutar ninguna botella compuesta por ella. Es deliciosa en sus vinos jóvenes, cargada de fruta y aromas francos, frecuentemente con un final dulce que enmascara defectos. Pero debajo de ese carácter amable, muestra una sequedad de acero , un otoño de miel y lluvia, y una acidez frecuentemente afilada. Conforme pasa el tiempo, como le pasa a cualquiera , va perdiendo esa inocencia primera y pasan a dominar los caracteres secundarios. Aunque hay tantas Chenin Blanc como vinos , productores y zonas en una zona tan amplia como la que recoje el curso final del río Loira, tiene fama la Chenin Blanc de no tener la capacidad de envejecimiento en vinos secos de la chardonnay. Por eso hablo de chenin madura con vinos de cinco años (aunque luego me encontrase que alguno de ellos era todavía realmente joven). Sin duda le viene bien soportar las inclemencias del tiempo cobijada en un manto de azúcar. Alguna Chenin Blanc he tomado dominada , en el mejor de los casos, por la manzana asada, y en el peor , por los olores de espárrago verde y de cubo sucio de fregar. Pero en manos de buenos productores, es capaz no solo de envejecer bien , sino de conseguir vinos extraordinarios.
He tenido la suerte, recientemente , de tomar alguno de ellos. Uno fue hace ya al principio del verano. Pero intento que no se me borre de la memoria . Un Clos Rougeard Bréze 2000 , en La Cigaleña. Apoteósico. Un vino que reunía lo mejor de los Coulée Serrant que he probado, su fondo atlántico, su susurrante variación , sus notas de otoño, botritys y hojas secas, pero que en lugar de darlo de una forma deslavazada y decadente, se ofrecía con una pujanza integradora, ofreciendo de forma clara y vigorosa cada faceta de la misma. Un vino en el que vibraba esos el “terroir”, una identidad única. Un vino de emoción, delicioso para cualquiera, del que disfruté cada sorbo. 96.
Paco Berciano les dedicó un post. Y estos galos con pinta de Astérix y Obélix algún vídeo dedicado en Youtube de enorme interés para los que amamos el vino
Quizás un paso por debajo quedaron los siguientes, lo que en este caso no significa mucho, porque estaban estupendos. Los tomé con poca variación de fecha.
Uno de ellos fue un Domaine de Bellivière Jasnières Calligramme 2004, un vino del vigneron Eric Nicolás, del que , rebuscando por el interné, me encuentro que es propietario de una serie de parcelas de viñas en Lhomme y Ruillé-sur-Loir, las dos comunas de Jasnières, y también en Chahaignes, Marcon y Dissay-sous-Courcillon, todas las comunas de la denominación Coteaux du Loir, con viñedos de varias décadas de antigüedad, cultiva solo en órganico, con viñedos de alta densidad foliar (y poda severa), arado en caballo de hierbas superficiales (para fomentar el enraizamiento profundo),….todo lo cual se hace notar en el vino, en el cual diría se puede apreciar la tan manida mineralidad. El vino estaba en un momento de fantástico equilibrio, dando con finura lo mucho que tenía: notas leves de manzana asada , de miel, pero con la fruta todavía presente , sostenida por una firme columna de acidez cítrica y por un frescor de piedra caliza. Un vino otoñal en una espléndida madurez. 90
También me encantó revisitar un viejo conocido: La Lune 2006 de Mark Angeli, , enriquecido por un paso del tiempo que transformaba su fondo dulce en mieles , manzanas asadas y diría que un matiz de botrytis, pero sin que le hiciese perder su fondo franco, puro, lleno aún de la vitalidad que me enamoró en nuestro primer sorbo, pero que encuentro más alicaída en las últimas añadas.88.
Radicalmente distinto es su hermano mayor , el Vignes Françaises 2006 de Mark Angeli, el último año antes de perecer asfixiada por la filoxera de una plantación de Chenin Blanc sin injertar. Seco, austero, afilado, compacto, necesitará años para hacerse accesible su acerada y brillante materia. Lo recuerdo invariable en los dos años que me separa de la anterior toma. Lo malo es que me va a ser imposible seguir esa evolución, porque solo tenía dos botellas.88.
Paradigmático en mostrar esa doble personalidad de la Chenin Blanc fue un Domaine du Clos Naudin 1989 Vouvray Moelleaux, elaborado por Philippe Foureau. Por una parte , después de la oxigenación pertinente para un vino que lleva 22 años esperando, muestra un Dr Jeckyl denso , dulce , con abundantes mieles y flores marchitas, botritys, notas de sobremadurez, de uva pasa, incluso de Px, casi un vino de postre,.…pero por otra, muestra un fondo fresco, mineral, una acidez vivaz, y un contrapunto final en boca amargoso,….siendo este Mr Hyde, contra todo el que va apoderándose del vino, haciendo de él una melodía deliciosamente armónica y vibrante. Un Vouvray de los grandes. 94.



