miércoles, marzo 26, 2014

¿Es esta la gastronomía que queremos vender en Asturias?


He utilizado un título del post tal vez algo injusto con la gastronomía asturiana. A pesar de que en Asturias disfrutamos de varios restaurantes excelentes que prestigian nuestra gastronomía, está claro no toda ella se mueve en semejante excelencia. Evidentemente no todos los establecimientos pueden ser de alto nivel, pero entre éste y el rancho, hay un término medio que afortunadamente también existe, pero está claro que también existen muchos sitios de nivel manifiestamente mejorable que por desgracia suelen ser los que frecuentan muchos turistas.

Muchos de estos sitios suelen ser sidrerías. Hacía un montón de años que solo entraba en sidrerías para tomar sidra nada más pero hace unos días coincidió que estábamos en Gijón avanzada la tarde y nos
apeteció picar algo sencillo para engañar al estómago. Entramos en una céntrica sidrería y pedimos un par de raciones. La primera fueron unas patatas bravas. 6€. Sí. Seis euros. La foto no hace justicia a lo lamentable del plato. No sé qué estaba peor, si las patatas, a pesar del sorprendente logro de estar a la vez saladísimas e insípidas o la tremebunda salsa que debería estar tipificada en el código penal.  Seis euros por esto me pareció la peor relación calidad/precio que había visto en años.



Pero este record fue pulverizado minutos después por el inenarrable chorizo criollo, 4,50€. Un, de uno, chorizo de calidad extra-cutre, pasadísimo, mal cortado y acompañado de unas patatas fritas blanduchas y grasientas que salen muchísimo mejor en la foto de lo que parecían en realidad. Los 4,50€ que más me ha dolido pagar en muchos años.


Pero mi tortura no acabó aquí. Para no pecar de tonterías localistas, unos días después fuí invitado a comer en otra sidrería, esta vez de la capital, en la que, menos mal, no caería allí un turista ni de milagro dada su situación en la periferia. El motivo era que según dijeron, ponían un cachopo (tan de moda ahora) fantástico...

El "fantástico cachopo", 18€, fue un revoltijo de carne de calidad baja tirando a muy baja, un jamón saladísimo, un queso de vete tú a saber dónde y un rebozado bastísimo que se desprendía con solo mirarlo. Las patatas eran aún más horribles que las de la otra sidrería y mira que eso era difícil.
Eso sí, tamaño XL que parece ser lo que gusta a muchos de los comensales habituales.


También probé los escalopines al Cabrales, 13€, a los que se les puede aplicar los comentarios del cachopo, añadiendo que la ¿salsa? de ¿Cabrales? probablemente estuviera hecha con un queso cuya leche no estuvo nunca a menos de 50 kilómetros del conceyu cabraliego.

Todavía me estoy preguntado como este garito dobló casi todas las mesas y en algunas incluso triplicó. Tremendo.

   
 Lo malo de muchas sidrerías-garitos es que suelen ser los sitios  más frecuentados por los turistas, ya que si para ellos son algo “típico” se le añade que en muchos casos están en pleno centro de nuestras ciudades y pueblos, por lo que la impresión que se pueden llevar de nuestra gastronomía (aunque no prueben algo totalmente autóctono) es lamentable y evidentemente eso no ayuda a que vuelvan y más en tiempos como los actuales en los que la gastronomía ocupa un nivel destacado entre los motivos de los turistas para elegir una zona u otra.
  
Ya imagino a algún lector diciendo que por un mal sitio no se puede juzgar a todos y tendría toda la razón, pero mi experiencia de años pasados y por lo que me cuenta bastante gente en la actualidad, este tipo locales de tres al cuarto están mucho más extendidos en nuestra geografía de lo que nos gustaría y parte de la culpa es nuestra ya que está claro que si resisten es que tienen clientela todo el año lo que hace reflexionar sobre el nivel de exigencia  que tenemos en nuestra tierra con respecto a la gastronomía.

Pero eso sería motivo de otro post.

lunes, marzo 17, 2014

Eirado da Leña (Pontevedra)




Si hay una ciudad poco conocida en España a nivel turístico esa es Pontevedra. Su casco antiguo es sin duda uno de los más bonitos y agradables de pasear que se pueden encontrar en nuestro país y en el tal vez, más emblemático y fotogénico rincón, la Plaza da Leña, se encuentra el restaurante Eirado da Leña. Al mando de los fogones está el cocinero Iñaki Bretal, miembro del grupo Nove. Su lema es: "Tres puntos clave: 1º Producto, 2º producto y 3º producto" y está claro que de eso tienen.

Teníamos reservada la cena de una de las dos noches de nuestra estancia en la ciudad, pero el lleno de otro de los sitios que teníamos pensado para cenar, Bagos, hizo que la primera noche acabáramos también en el Eirado da Leña. Por cierto, que es curioso y a la vez triste, que varios de los llamados “gastrobares” estuvieran hasta la bandera y en cambio el Eirado estuvo prácticamente vacío las dos noches que estuvimos.

Como hicimos dos cenas paso a relatar lo degustado como si hubiera sido solo una.


La carta no es demasiado extensa pero sí lo suficiente para tener unas cuantas alternativas. Nosotros en ninguna de las dos cenas pedimos entrantes ya que ya habíamos entonado el estómago con las tapas que ponen con los vinos que tomamos previamente. Aun
así nos pusieron algunos aperitivos de la casa consistentes en un ceviche de ameixón, un ceviche de navaja, que no probé y un escabeche de lamprea. Muy logrado el escabeche y perfecto para contrastar con el sabor potente de la lamprea.









De carnes probamos el lomo de vaca. 21€. Fantástico el sabor de la carne y perfecta de punto. A veces, qué difícil es conseguir hacer bien lo que parece más fácil.




 

Muy bien también las carrilleras de cerdo ibérico guisadas,18€, suaves, melosas, con excelente cocción y sabor. 







En cuanto a los pescados, excelente el mero con quinoa y remolacha, 24€, otra vez con el punto del pescado perfecto de intenso y persistente sabor.






También probamos un tataki de atún rojo con soja y wasabi, 23€, impecable.






Los postres los probamos todos. 
Muy bien el chocolate y helado de café, 6€.

No le fue a la zaga el de castañas, chocolate, amaretto e hinojo, 6€,





pero los que más nos gustaron fueron el gin tonic, 6€, una espece de deconstrucción de los componentes del gin tonic, muy rico y refrescante y un gran

coulant de avellana, manzana y vainilla, 6€, que fue tal vez el que más nos gustó de los 4, con un conjunto de sabores muy equilibrado entre la avellana, la manzana y la vainilla.





 Para acompañarlos tomamos tres copas de vinos dulces distintas. Tostado de Costeira, 8€, muy bueno pero no tanto como para repetir con ese precio, Casa del Inca, 2,5€ y Ochoa Moscatel, 3€, ambos con una relación calidad/precio mucho más ajustada sobre todo el Casa del Inca.

 
La carta de vinos muy bien escogida y con unos precios sensatos. Como no podía ser menos, bastantes referencias gallegas de las que escogimos dos de la misma bodega. Extraordinario el A Torna dos Pasás Escolma 2008, 32€, toda una sorpresa este vino de intensidad y elegancia a partes iguales. El blanco fue su “hermano” Viña de Martín Escolma 2009, 32€, muy bueno también aunque en este caso tal vez todavía joven.

El pan, 1€ c/u, de buena calidad.


El personal de servicio se redujo a la maitre/sumiller, un torrente de vitalidad y pasión por el vino con la que charlamos largo y tendido aunque seguramente ayudados por el poco trabajo que tuvo, algo triste y más con las inmejorables noches que tuvimos que invitan a salir.

Al final de la cena el propio cocinero nos puso unos petit fours de chocolate totalmente adictivos. Para comer varios kilos.

La sensación final fue muy positiva. Cocina sin estridencias, de sabor, con buena técnica, excelente producto y convincente en la que no te dejas la cartera ni siquiera con los vinos. Además con la ventaja de estar situado en pleno casco antiguo por lo que nos olvidamos del coche. El conjunto hace que lo recomiende vivamente para quien visite la preciosa ciudad pontevedresa.


Eirado da Leña

Plaza Leña, 3, 36002 Pontevedra
986 86 02 25  www.nove.biz/site/index.php?id_empresa=21&idioma=es


miércoles, febrero 26, 2014

Al trapo (Madrid)




El chef cordobés Paco Morales dejó hace unos meses el restaurante del hotel Ferrero en Bocairent para comandar este restaurante situado en el hotel De Las Letras en pleno centro de Madrid.


El comedor es considerablemente grande pero resulta algo desangelado y  con la iluminación no se han lucido mucho lo que ayudó muy poco a mi reconocida falta de percicia con las fotos.  También sobran las repentinas subidas del volumen de la música aunque mejor la quitaban del todo.
Las mesas también sin mantel aunque por lo menos las sillas tenían una comodidad aceptable. A mejorar que siendo tan grande el comedor algunas mesas estén demasiado cerca unas de otras.

La carta se estructura en seis partes distintas más otras dos de quesos y dulces, abarcando unas cuantas facetas de cocina, tanto autóctona como de fusión con ingredientes lejanos, algunos platos de apariencia informal y otros de alta cocina pero como dice su lema “Alta cocina informal”.  Parece más bien un oxímoron pero por lo probado,  funciona. Por cierto, que la carta ha tenido una subida de precios comparada con la que tienen colgada en la web.

Como la reserva fue para una hora temprana, en principio íbamos con la expectativa de probar unos cuantos platos, pero cuando vamos a Madrid no nos resistimos a probar cocinas diferentes y a la hora de comer tal vez nos pasamos de cantidad y de una cocina muy potente como la mexicana, por lo que no había tantas ganas en la cena como a priori pensábamos.


 

El aperitivo de la casa consistió en unas lonchas de un muy buen fuet con pa amb tumaca, aunque en este caso el tomate fue en polvo. Lo hubiésemos preferido normal.






Como queríamos probar también los postres solo pedimos un entrante. Pluma de cerdo ibérica, macerada con fondo untuoso de jamón ibérico, guindilla y pak-choi. 16€. Siempre creí que se escribía “pak” pero en la carta viene “pack”. Lo curioso de este plato fue que el maitre nos quiso convencer que lo pidiéramos como plato principal porque tardaba bastante en hacerse y resultó que nos lo trajeron unos escasos tres minutos después de tomarnos la comanda. ¿¿??. Aquí ya vimos que estábamos ante una cocina seria y muy interesante donde el conjunto formado por la pluma, la grasa del fondo de jamón, el toque ligeramente picante de la guindilla y el ligero amargor de la verdura, resultaba armónico y sobre todo muy sabroso.  Excelente.




Lo siguiente fueron unas  alcachofas salteadas con láminas de tocino ibérico, mahonesa de cebollino y migas crujientes, 12,50€, otra excelente composición en la que sigue armonizando perfectamente los vegetales con la grasa del tocino, refrescado todo con la mahonesa y el toque crujiente de las migas.




Y para finalizar lo salado volvimos a escoger como ingrediente principal el cerdo. Concretamente las carrilleras de cerdo glaseadas con plátano, verduras de invierno y chipotle ahumado, 14€. Nos pareció original el glaseado de plátano a las carrilleras dándole un punto ligeramente dulce  y volviendo a acompañarlo por el toque verde de las verduras y picante, poco, del chile. Muy rico.



 
No podíamos dejar de pedir postre aunque la suma de alimentos del día ya era considerable. La mousse de té verde, pistacho y cacao 70%, 6€, resultó un poco seco en general aunque armonizaba bastante la mezcla amargor/dulzor de los tres ingredientes.






El otro postre fue leche de soja con jengibre, untuoso de limón, toffe y chocolate blanco, 7€. A priori mucho dulzor junto pero bien compensado por el untuoso de limón. Textura algo gomosa pero bien el conjunto.





Nos pareció algo inferior la parte dulce  comparada con la salada.

Para beber tomamos un Gran Caus Reserva Brut Nature Rosado, 29€,  que ya nos había gustado mucho hace unos meses cuando lo tomamos en Lérida. Incluso salió airoso del enfrentamiento con las alcachofas. La carta de vinos reducida, demasiado para mi gusto, pero muy bien escogida y con vinos poco habituales. Lo malo son los precios, bastante altos sobre todo en algunas referencias. Se puede ver en la web.

El pan no lo cobraron, muy buen detalle que se acerca casi al milagro en la restauración española.

El personal de servicio muy diferente dependiendo de quién nos atendiera. Alguno muy bien y alguna bastante mejorable tanto de actitud como de conocimiento de lo que ofrece el restaurante. Preguntamos por el Brioche “La France” con papada para confirmar que la papada era de cerdo y nos contestó displicentemente que la papada era… de patatas.  Más formación, por favor.

La web en onda con la filosofía del restaurante. Muy sencilla pero fácil de ver y con la información necesaria.

Sin duda un restaurante muy interesante a nivel de cocina, mezclas valientes, desenfadadas algunas y técnicas otras, pero siempre muy sabrosas. Tienen algunos detalles que pulir en los demás aspectos pero nada demasiado importante como para no disfrutar del buen hacer de Morales y su equipo. Voy poco por Madrid pero ya estoy deseando volver el año que viene.


Al Trapo

Caballero de Gracia 11, 28013 Madrid
915  242 305  www.altraporestaurante.com

lunes, febrero 17, 2014

TriCiclo (Madrid)




El restaurante TriCiclo encuentra situado en el madrileño barrio de las Letras y está comandado por tres cocineros que al parecer anteriormente cocinaban en la Ciudad Financiera del banco Santander. Como se puede ver en las fotos de su web la decoración es muy informal, con mesas de madera sin manteles, algunas altas, sillas bastante incómodas y un suelo que es una auténtica pista de patinaje para el que entra de la calle en una noche lluviosa como la que nos tocó. Muy “hipster” y moderno, pero bastante incómodo en general.
 
Una vez sentados echamos un vistazo a la carta la cual se compone de tres partes. Copio y pego literalmente de su web:

Del mercado al TriCiclo: En este primer bloque se encuentran platos en los que se potencia la calidad y la frescura del producto así como su punto de cocción sin modificar apenas su sabor natural.
Un paseo en TriCiclo: está formado por platos de carácter más gastronómico. Son platos más elaborados con combinaciones de sabores tradicionales que recuerdan los sabores de siempre, los de casa.
Un viaje en TriCiclo: en este tercer grupo encontrarán platos de cualquier cultura o país, mezclas de sabores sorprendentes, productos desconocidos para muchos, una oportunidad de viajar gastronómicamente a diferentes partes del mundo.

 

Nada más pedir nos trajeron un aperitivo de la casa que consistió en unas resultonas patatas con mojo verde al estilo canario.




 
Algo que nos gustó del concepto es que de muchos platos se pueden pedir medias raciones e incluso un tercio, con lo que tú mismo te puedes hacer un menú degustación variado.

 
Comenzamos con la sopa de ajo morado de Las Pedroñeras (Manolo de la Ossa). ½ 6€. Hace ya
un montón de años que probamos la de de la Ossa, que nos había parecido atómica, y esta cumplió sobradamente. Intensa, potente, sabrosa… Muy rica y perfecta para entonar el estómago.



  
Seguimos con el atún rojo ibérico laminado con pan y tomate. ½ 12€. Discreto. El atún en forma de tataki estaba falto de sabor y resultó algo anodino. Además yo hubiera reducido la cantidad de tomate y migas que acababa enmascarando el no muy inteso sabor del atún.



El siguiente plato fue Nuestro steak tartar con huevas y huevos. ½ 8,75€. El steak venía en sendas tostas coronadas por un huevo de codorniz y las huevas. Había leído que lo servían alegre de picante pero está claro que esa noche no fue el caso. Otro plato que encontramos sin fuerza en el sabor aparte de que llegó excesivamente frío. Fríos nos dejó también. 



 
Peor resultó el meatball, pasta, pecorino y hierbas. No cobrado. La albóndiga estaba completamente reseca y dura casi como una piedra y la pasta parecía que la habían sumergido un par de días en las salinas de Torrevieja. Mal, no, peor. Por lo menos tuvieron el buen detalle de no cobrarlo ante nuestra queja.



 
Menos mal que acabamos los platos salados con un excelente lomo de ciervo asado con cous-cous de setas y especias. ½ 10€. Excelente el ciervo de punto y sabor y un magnífico cous-cous especiado muy sabroso. Muy bien.




 

Esta vez llegamos a los postres. La crema de chocolate con aceite de oliva y naranja, 6,50€, bien
aunque creo que se pasaron con el aceite de oliva ya que se imponía en el conjunto.




 

Resultón también el brioche tostado en sartén con helado de yogur, 6€, mejor el brioche que el helado de yogur.



 

Para beber tomamos un Champagne André Clouet. 38,50€. La carta de vinos escogida pero muy reducida. Comprendo que este tipo de sitios que intentar ajustar los precios no pueden tener una gran bodega, pero para el aficionado a los vinos resulta demasiado reducida. Otro detalle molesto es que como te llevan el vino para ponerlo en la cubitera, ya que en nuestra mesa no había espacio, bastantes veces acabas la copa y tardan en volver a servir.

El pan, bastante bueno, 1,5€ c/u.

Otro detalle del ajuste de costes del restaurante es que no nos cambiaron el plato en toda la cena por lo que al final parecía la paleta de un pintor, de los restos de las comidas que pasaron por él. Será que tenemos una edad, pero esto es algo que no encaja con nuestra idea de salir a cenar un viernes noche. Seguramente a la mayor parte de la clientela no le importe pero para nosotros ir a un restaurante se convierte en una experiencia total en la que lo que hay en el plato es sin duda lo más importante, pero otros detalles como el vino, y el servicio y sus detalles alcanzan también una importancia considerable.

Al hilo de esto también hay que comentar que la sala es la más ruidosa que nos encontramos en años. Tremendo. Además el ir y venir del personal de servicio a toda velocidad es bastante pesado y estresante. Puede ser que fuera por nuestra posición en el pasillo, en la foto primera mesa después del arco, pero hace que la cena no resultara precisamente cómoda y agradable, que es lo que uno busca aparte de cenar bien.

La página web bastante buena, con muchas fotos del restaurante y de platos e información de la filosofía, pero con el habitual fallo de muchos restaurantes de no tener la carta actualizada de platos y ausencia de la de vinos.

Ya me imagino que con este post seré un rara avis después de haber leído solo críticas muy positivas e incluso entusiastas de este restaurante, pero si a estos detalles que comento del restaurante y su filosofía le sumamos que la cena tuvo altibajos considerables, hace que pase sin pena ni gloria entre nuestras experiencias.

TriCiclo

C/ Santa María, 28, 28014 Madrid
910 24 47 98 www.eltriciclo.es


martes, febrero 04, 2014

La Corrada del Obispo (Oviedo)



Hacía unos cuantos años que no pisaba el restaurante La Corrada del Obispo. Varias experiencias manifiestamente mejorables en el pasado hicieron que pasara a no contar con él en mis (escasas) salidas a cenar en Oviedo. Pero esa lejanía en el tiempo y sobre todo el hecho de que mis tres primeras opciones tuvieran lleno total, ¿crisis?, hicieron que nos decidiésemos a volver.


Dos cosas que sin duda juegan a favor del restaurante son su situación en pleno casco antiguo y un comedor rustico bastante agradable. En el pasado también se beneficiaron del tirón de alguna visita “real”.

 

Una vez sentados nos traen carta que como viene siendo cada vez más habitual, ya era hora, los precios tienen el IVA incluido. Poco después de tomarnos nota nos trajeron una crema de marisco en copa. No la probé pero a mi mujer le gustó bastante.






Como ya vamos teniendo una edad solo pedimos un entrante que fue un tataki de atún con ajos tiernos y soja, 18€. Pintaba muy bien pero el resultado fue más que discreto ya que el plato tenía mucho “verde” pero de atún escaso y además parte de las láminas estaban resecas. Regular.



  Para los platos principales seguimos con el pescado. El rodaballo con papada ibérica y emulsión de trufas, 22€, fue uno de los platos de pescado más tristes que he visto en los últimos años. Dos lomos excesivamente pasados acompañados de la papada que parecía que estaba puesta por el ayuntamiento, un par de espárragos verdes y las pinceladas de la emulsión. Empezábamos a preguntarnos que para qué habíamos salido de casa…



Algo mejor aunque sin tirar cohetes fue la lubina al horno con emulsión de cítricos, 22€, pero lo sorprendente fue que la salsa no era de cítricos ya que sabía a almendras que volviendo a ver la carta era lo que acompañaba a un plato de merluza. ¿¿¿??? No dijimos nada porque por lo menos la salsa estaba bien conseguida, pero para comer algo tan sencillo aplico el comentario final del rodaballo.



Con los antecedentes no pedimos postre aunque nos los intentaron vender con la muy oída frase hostelera “son postres caseros”…

El pan fue lo mejor de la cena y además barato para un restaurante. 1,30€.


Para beber, a falta de nuestra primera elección, tomamos un Guitián Godello sobre lías 2011. 23€. La carta de vinos con muchos más tintos que blancos, no está mal a priori, pero me da la impresión de que les faltan muchos vinos como pudimos comprobar. Las copas en las que servían a todo el que no les pedía que se las cambiaran, como nosotros, eran las que se ven en la foto, inapropiadas incluso para una vinatería de tercera.


El personal servicio correcto.

La página web trasnochada y prácticamente inútil salvo para ver la situación.

Todas las críticas y opiniones son evidentemente subjetivas y la que voy a hacer ahora probablemente más, pero para comer esto y en nuestra ciudad, nos quedamos en casa, porque como mínimo lo vamos a hacer parecido y sin duda mucho más barato. 
Cuando voy a un restaurante en mi ciudad o cerca es porque o quiero tomar un producto excelente difícil de conseguir, un plato emblemático muy bien hecho o porque su cocina está fuera del alcance de nuestras habilidades y en este caso ni una cosa ni las otras. El lector podrá pensar que mi crítica es dura y más probando solo tres platos, pero si le añadimos las experiencias pasadas no nos invita a volver en una larga temporada y más teniendo cerca varios restaurantes en mi opinión de superior nivel,  y mucho más cerca mi propia cocina que no será de superior nivel pero sí de muy inferior precio.

La Corrada del Obispo

Calle Canóniga, 18, 33003, Oviedo, Asturias
985 22 00 48  www.lacorradadelobispo.com

miércoles, enero 15, 2014

Narcissus Fernandesii Restaurant (Vila Viçosa, Alentejo, Portugal)





El restaurante Narcissus Fernandesii se encuentra en el hotel Alentejo Marmoris situado en la villa ducal de Vila Viçosa a poco más de media hora de Badajoz. Es un hotel con spa inaugurado recientemente y el restaurante está comandado por el chef Pedro Mendes





En el luminoso comedor destacan las columnas doradas y la ventana que se abre a la cocina pudiéndose ver a la brigada en plena faena, algo que a mí personalmente no me gusta.







Mientras hojeábamos la carta nos pusieron unas sabrosas mantequillas, entre ellas de chorizo y de hierbas. 




 

 Una vez pedida la comanda llegó un aperitivo que consistió en una crema de aligote con migas muy rico para abrir boca.





Como no queríamos llenarnos demasiado, solo pedimos un entrante a compartir aunque no sabíamos que iba a ser tan parco. Fueron unas albóndigas de “farinheira” con bellota y compota de cebolla roja, 10€. Exageradamente caro. Es lo que se ve en la foto: 3 albóndigas nada más. Sí, estaban muy buenas, con el sabor intenso de la “farinheira”, embutido típico del norte de Portugal, y la bellota y muy bien suavizado todo por la compota de cebolla, pero por ese precio podrían ofrecer algo más y no dar tan mala imagen de entrada que la materia prima no es trufa precisamente.
Para los principales nos sedujeron más los platos de carne. No se aprecian bien en las fotos porque los platos aunque muy bonitos no son los más adecuados para apreciar la comida que viene en ellos.

 
 
Magnífico el carré de cordero con reducción de vino de Oporto, habas con chorizo y croqueta de patata, 22€, con una carne de cordero excelente, perfectamente hecha, guarnecida por el salteado de unas ricas habas verdes con chorizo y con la guinda de las croquetas de patata. Muy bien.




Pero incluso mejor estuvieron las plumas de cerdo alentejano con carnes ahumadas, patatas fritas con encurtidos y mostaza de Dijon y almejas a Bulhão Pato, 20€. Revisión en clave actual de un plato típico alentejano como es el “porco à alentejana” al que al cerdo se le añaden almejas. Riquísima la combinación de las plumas con las carnes ahumadas en forma de redondo con el conseguido contrapunto de la especie de vinagreta con los encurtidos y mostaza y el añadido de las almejas. Estupenda puesta al día del recetario regional.


 
Los postres están divididos en dos tipos: “De inspiración conventual” y “Lo que el dulce nunca amargó”.  Pedimos uno de cada apartado. Difícil escoger qué parte del semifrío de requesón de oveja, dulce de calabaza y helado de frambuesa con vino de Oporto,7€, estaba mejor. Muy bien.




No le anduvo a la zaga la miel y la nuez con helado de dulce de huevo y naranja de Vila Viçosa, 7€, donde la miel y la nuez venían en forma de galletas, pero no crujientes sino con una textura más blanda pero en todo caso muy ricas. También muy bueno el helado de dulce de huevo con el refresco de la naranja. Buen nivel en los postres.


No vimos la carta de vinos ya que tomamos solo agua Luso, 4€. Carísima. Un litro de agua, 4€, ya está bien cobrado.

El pan de tres tipos distintos, alentejano, de pasas y de aceite, muy bueno y además servido sin escatimar. Viene en el concepto de “cubierto” por 1,75€ c/u que en este caso al revés que el agua y los cafés nos pareció barato. Sorprendentes oscilaciones de precios.


Como comentaba, tomamos café al “bonito” precio de 3€. Vale que sea el restaurante de un hotel de 5 estrellas, que la vajilla fuera muy moderna, que el servicio sea refinado, pero que cueste un 328,57% más que en la cafetería más cara en muchos kilómetros a la redonda sin ser de mayor calidad no tiene justificación posible. Detalle a corregir urgentemente.

El servicio, voluntarioso pero apresurado y bastante liado. Menos mal que en total solo estábamos 3 mesas de dos personas que si lo llegan a tener lleno no sé lo que hubiera pasado. Igual se puede aplicar a la cocina puesto que fuimos los primeros en sentarnos a comer y salimos 2 horas después con solo 6 comensales en total de los que los dos que llegaron después que nosotros solo comieron un plato. Un restaurante de estas características y precio, comparado con su entorno, no debe tener estas demoras.

La web del hotel es bastante completa aunque del restaurante solo hay información genérica y falta la carta y más detalles.

Un consejo que les daría es que pusieran la carta en el exterior del local ya que solo la tienen en la puerta que comunica con los salones interiores. Sin carta, y precios, muchos comensales que no estén en el hotel pueden no llegar a decidirse a entrar.

Si miramos solamente lo degustado, el restaurante Narcissus Fernandesii dio un buen nivel y más teniendo en cuenta el poco tiempo que lleva abierto. Buena cocina regional actualizada con producto de primera y respetuosamente tratado. En cambio si nos fijamos en otros detalles como son algunos de los precios y las mecánicas de servicio y cocina, podríamos afirmar que el margen de ajuste y mejora es amplio.
De todas formas, pienso que mejor nos quedamos con la primera parte del comentario, por lo que es una visita recomendable y más en un país y una región que no andan sobrados de restaurantes que se atrevan a innovar aunque sea con la base de la cocina regional.


Narcissus Fernandesii

Largo Gago Coutinho, 11, 7160-214 Vila Viçosa, Portugal
351 268 887 010   www.alentejomarmoris.com