viernes, julio 17, 2015

La Concepción (Segovia)






 
Tengo que reconocer que La Concepción no fue mi primera opción para cenar  Segovia. Ni siquiera la segunda. La primera resultó que a pesar de haber realizado la reserva unos días antes, ese mismo sábado me llamaron para anularla ya que el camarero que la anotó olvidó que esa tarde después del servició de comida cerraban para comenzar las vacaciones. Sorprendente olvido como poco…

 
La segunda opción tampoco salió bien ya que cerraban al público esa noche por una boda así que paseando por la tarde por la plaza mayor vimos la carta de La Concepción y nos decidimos a reservar.


Es sorprendente la querencia de la gente por las terrazas, y parece ser que cuanto más a la vista, mejor. La de La Concepción estaba abarrotada por la noche con una temperatura de unos, poco apetecibles para cenar, 32 grados. Nosotros preferimos hacerlo en el comedor interior y tan ricamente con unos cuantos grados menos. Lo único malo las sillas, incómodas como pocas que recuerde.





 Como aperitivo de la casa nos pusieron unas croquetas bastante decentes.





 
Como teníamos intención de pedir postre solo tomamos un entrante para compartir que fue un , 22€, algo escaso de sabor y claramente  por debajo del mousse de queso.
carpaccio de lomo de venado con mousse de queso de cabra y crema de melocotones al Jerez






Para los principales tiramos de clásicos y pedimos el cochinillo asado, 22,68€, y un carré de cordero braseado con piñones sobre patatas panadera, 23,76€, ambos impecables de punto y sabor.




 
Uno de los postres fueron unos conos de tiramisú con salsa de chocolate, helado de café con leche y geleé de amaretto, 8,64€, realmente contundente aunque lo menos conseguido de todo fue precisamente el tiramisú. Mejor lo demás.




El otro  fue una torrija de pan a la vainilla con sabayón de verbena limonera y helado de vainilla. 8,64€. Si hablábamos de contundencia en el anterior este no se queda precisamente atrás. Rica la torrija bien contrastada por el sabayón aunque algo reiterativo añadir el helado de vainilla. Bien, aunque mejor algo aligerado. Ciertamente "barrocos" ambos postres.



 
La carta de vinos correcta y como era de esperar, orientada al clasicismo. Tomamos un fantástico Campillo Gran Reserva 1995. 38,50€.

Al final nos trajeron unos petit fours de chocolate bastante buenos.

El ritmo de salida de platos perfecto, sin casi esperas. Por lo pedido sería lo normal pero viendo el follón que tenían en la terraza es un logro. El personal de servicio impecable.



La página web sencilla, informativa y con la carta. Solo se echa de menos la de vinos.

A pesar de como comenté, no ser nuestra primera opción, la cena resultó correcta. Tiene cosas mejorables pero cumplió en el conjunto. Se puede recomendar.


La Concepción

Plaza Mayor, 15, 40001 Segovia


sábado, abril 18, 2015

Quinta da Pacheca (Douro, Portugal)





La Quinta da Pacheca es una bodega situada a la orilla del río Douro, justamente enfrente de la ciudad de Peso da Regua. Tiene un bonito hotel rodeado de viñedos con restaurante que fue donde nos hospedamos y también cenamos.



Para quien pudiera estar interesado, la visita en sí de la bodega, 8€ pero incluida en el precio de los alojados en el hotel, es más bien una conferencia sobre los vinos del Douro y su historia, ya que solo se ve la zona donde se pisan las uvas y la antigua bodega, muy bonita; pero sí que destaca por la prueba de vinos, bastante generosa, ya que se prueban 3 vinos tranquilos, un blanco y los dos tintos top de la bodega y 3 Portos, un blanco, el Tawny de 10 años y el Vintage de la añada 2000.  Muy bien.




El comedor del restaurante tiene unas vistas realmente llamativas, con los viñedos y el Douro a lo lejos y destacar también el impresionante mueble que se puede ver en la foto.




Disponen de un menú degustación pero nosotros nos decidimos por pedir de carta. Bajo el concepto de “cubierto”, en la carta dice “pan, mantequilla, aceitunas y sorpresa del chef”.  En realidad las aceitunas las sustituyeron por aceite y la sorpresa del chef no apareció por ningún lado, pero hay que decir también que marcaba 5€  en carta y en la cuenta no fue cobrado. Los panes de cuatro tipos distintos y bastante buenos, al igual que el aceite, del tipo “gordo” e  intenso tan habitual de la zona.


De entrantes pedimos uno frío y otro caliente. El frío fue una sardina marinada con cítricos y gengibre sobre una tosta de pan de maíz tradicional y un vaso de puré de pimientos asados. 8€. Bien de sabor la sardina con un buen aliño, aunque no sé si es que la dejaron demasiado tiempo encima de la tosta antes de servirla porque el pan estaba ya demasiado empapado de la grasa desprendida. Muy rico el puré de pimientos como un salmorejo.


La entrada caliente fue un empanado de alheira y espárragos verdes sobre gírgolas salteadas aromatizadas con ajo. 8,50€. La alheira es un embutido típico del norte de Portugal, con cierto parecido al farinato de Ciudad Rodrigo.  Interesante plato que les hubiera quedado mucho mejor si le hubieran dado el tiempo justo de horno y no menos del que necesitaba. Muy ricas las  gírgolas.

 
Para los platos principales nos decidimos por la carne. Los lomos de cerdo cocinados a baja temperatura sobre migas de broa de maíz con caldo verde y estofado de calabaza, 17,50€, podrían haber compuesto un notable plato de cocina portuguesa puesta al día, pero pecó del fallo habitual en muchos restaurantes portugueses: se pasaron en la cocción, ya que les quedó la carne algo amazacotada y seca. De mejorar este punto, puede quedar un muy buen plato ya que el cerdo se notaba de buena materia, las migas de broa con caldo verde estaban muy conseguidas y el estofado de calabaza se compenetraba muy bien con el cerdo además de estar bastante bien.

Lo mismo se podría decir de la paletilla de cabrito con arroz al horno aromatizado con menta. 18€. Se notaba también la buena materia y estaba sabrosa, pero algo pasada de punto. El arroz (no sale en la foto), también pecó de exceso de horno en nuestra opinión.


Esta vez no tomamos postre.

La carta de vinos compuesta exclusivamente por los vinos de la bodega, exceptuando unos pocos espumosos. Tomamos un Pacheca Reserva Vinhas Velhas 2011, 23,50€, que como tantas veces, estaba caliente. El maitre, por su reacción no parecía estar muy acostumbrado a que le dijeran que no decantara el vino y menos que lo metiera un rato en una cubitera…

Las copas, mejorables.



 
Otra curiosidad es que no cobran una cantidad de descorche única. Este Reserva costaba en la tienda de la bodega 17,50€ y en cambio, el top de la bodega, el Grande Reserva TN 2011 que costaba en la tienda 25€, en el restaurante estaba a 29,50€. Sorprendente.

El personal de servicio simpático y eficiente.




 
Por lo poco probado se nota que hay buenas ideas y que se intenta hacer una cocina apegada a los productos de la tierra con una puesta al día. Si vigilan el resultado final y los puntos de cocción, puede ser una buena mesa para la zona. Si a esto se le suma el bonito hotel, la bodega y el fantástico emplazamiento, merece la pena hacer una escapada para desconectar un fin de semana y disfrutar rodeado del vino y su cultura.


Quinta da Pacheca

Carneiro, Portugal
http://www.quintadapacheca.com




viernes, enero 23, 2015

Alborada (La Coruña)



Después de haber ido la primera noche en La Coruña a un restaurante clásico de cocina tradicional pensamos en variar para la noche siguiente y apuntar a uno de los restaurantes destacados de la ciudad por su cocina moderna. Descartado el Árbore da Vieria ya que solo tenía menús degustación nos decidimos finalmente por este Alborada situado al borde del mar en un edificio de arquitectura moderna y bastante llamativa.

 
La situación del restaurante a pesar de estar frente al mar no es la mejor en la ciudad, requiere taxi, y tal vez eso influyera en que un sábado noche en la que el centro de La Coruña estaba a rebosar de gente, el restaurante tuviera solamente la mitad de las mesas ocupadas.


Una vez acomodados, echamos un vistazo a la carta y vemos que de los 9 entrantes, 7 son a base de marisco. Vale que estemos en Galicia, pero que casi el 80% de los entrantes se basen en un producto no me parece algo equilibrado ni muy lógico, como si en Galicia no hubiera más excelentes productos.

Como tantas veces, pido disculpas por la mala calidad de las fotos, debida a una mezcla de mi impericia con la cámara del móvil, con la poca luz y el no querer usar flash para no molestar a los demás comensales.


 


 Nada más tomarnos la comanda nos trajeron unos aperitivos que no fueron invitación de la casa ya que entran en el concepto, pan, petiscos y lambicadas, 3,50€ p/p. Era una croqueta de calabacín, una teja crujiente con pimentón y no recuerdo muy bien pero creo
que una preparación con algas. Todo bastante olvidable.  El pan, eso
sí, estaba muy bien.

Como cada vez que vamos a Galicia, comemos siempre más de la cuenta, solo pedimos un entrante que fue una xurela asada y ligeramente ahumada, zanahorias y emulsión de berzas, 20€. Fue emplatado para dos sin coste adicional y no como en otros sitios. Bastante insulso el conjunto tanto por el sabor de la xurela a la que le faltaba más punch, más fuerza, como por la emulsión, que ni fu ni fa...




Para los platos principales seguimos con el pescado. ¡Cuánto echamos de menos la lubina de la noche anterior! ya que la lubina al vapor, con puerros de Sobrado dos Monxes y salsa gribiche, 26€, estaba claramente mal descongelada y aunque no sé si se apreciará con claridad en la foto de la derecha, el resultado fue una
textura casi de chicle, desagradable y totalmente impropia, a la que evidentemente no conseguían arreglar nada ni los puerros ni la salsa.
Otra crítica es a la parquedad de la ración, claro ejemplo del objeto de queja de mucha gente no habitual en este tipo de restaurantes.


  
 Algo mejor resultó el rape a la sartén, con arroz cremoso de coliflor, romanesco y brócoli ,25€. No es pescado fácil de dominar el rape y aquí tampoco tuvieron demasiado éxito. No llegó al despropósito de la lubina pero les quedó rayando lo gomoso. El arroz tampoco quedará en el recuerdo, además algo salado, y la cantidad de la ración recibe la misma crítica que la lubina.




 

Esta vez sí llegamos a los postres. El milhojas casero con crema de miel ahumada, 8€, como los buenos árbitros, pasó totalmente desapercibido.  Mucho nos acordamos un milhojas comido hace unos años en El Mercadito de Santiago...






 


 No mucho más llamó la atención el chocolate, royal de café, cascarilla y trufa de otoño, 8€, que sí
mejoraba el nivel pero ni me enganchó a mi que soy un fan total del chocolate en todas sus preparaciones.





Buena carta de vinos con gran presencia, como debe ser, de vinos gallegos. Tomamos un Avancia Cuvée de O 2012, 25€. Aquí pasó lo que es una constante en muchos restaurantes de este estilo. Al principio nos venían a servir cada 2 minutos o cuando te veían dar un sorbo a la copa, pero según fue transcurriendo la cena dejaron de aparecer totalmente por lo que tuvimos incluso que levantarnos para llevar la botella hasta la mesa. Lo que dije en el post anterior. Para un blanco prefiero casi que me pongan un enfriador y me dejen la botella en la mesa. Será menos “glamuroso” pero por lo menos no pasamos sed…

El personal de servicio en general correcto pero algo seco y curisoamente con un sexto sentido para no preguntar nada sobre cómo iba la cena y si nos gustaba. O más probablemente, se nos veía en la cara…

La página web muy bonita y moderna pero le falta la información más importante: la carta.

Como siempre digo en estos casos, ni se me ocurre juzgar la trayectoria y los méritos de este restaurante (ni de ningún otro) por solamente una cena, pero es sintomático que ni uno solo de los 5 platos probados nos haya dicho gran cosa y que como decía al principio, un sábado noche con una temperatura magnífica para ser invierno, estuviera solo con media ocupación. Además, aparte de los fallos descritos tampoco ninguno de los platos probados nos pareció de una creatividad ni de una técnica desbordante que justifiquen el precio por tan poca ración. Por todo esto, difícil será que repitamos en la siguiente visita a La Coruña.


Alborada

Paseo Maritimo Alcalde Francisco Vazquez, 25, 15002 A Coruña
981 92 92 01 www.restaurante-alborada.com

lunes, enero 12, 2015

Pablo Gallego (La Coruña)



Cuando uno tiene que ir a una ciudad sin saberlo hasta casi el último minuto, no tiene tiempo evidentemente de hacer una investigación en profundidad de los restaurantes que merecen la pena ser visitados o por lo menos tenidos en cuenta, así que en este caso, escogí Pablo Gallego por dos razones: situación y unanimidad en recomendaciones.  Por lo leído parece que nos encontraríamos con un restaurante clásico, burgués, de producto y así fue.


 
El local es pequeño, con unas paredes de piedra y un llamativo trabajo de madera, pero acogedor.  Cuando nos trajeron la carta y echamos un vistazo tengo que reconocer que nos dieron ganas de salir corriendo. Los enunciados de la carta no auguraban nada bueno y menos viendo la cantidad de platos que venían acompañados de la coletilla “… con gulas”. Sorprende que un restaurante de teórico alto nivel use este tipo de sucedáneos pero quiero pensar que si los mantienen en  carta es porque tienen éxito…

 
Al final nos decidimos por las sugerencias del día cantadas a viva voz. En esto me gustaría hacer la reflexión de que no cuesta casi nada que se imprima una hoja con los platos que tienen fuera de carta con sus precios y se anexen a ésta, al estilo de lo que hacen en Casa Conrado de Oviedo, y así nos ahorraríamos preguntar el precio plato a plato o llevarnos una desagradable sorpresa a la hora de pagar.

 
En este caso no nos pusieron ningún aperitivo de la casa y directamente pasamos al entrante que fue un excelente pulpo a feira, 15€, uno de los mejores que hemos comido en los últimos años aunque la ración podría haber sido mayor. En este caso sin cachelos y con unos trozos gruesos, ni muy blandos ni muy duros e intenso de sabor. Muy bien.



Como ya comenté, para los principales escogimos la oferta fuera de carta. Excelente el lomo de ventresca de atún rojo marinado en tandoori, 21,50€, con el toque justo de plancha y sin que la salsa dominara el sabor del atún. Venía acompañado de un salteado de arroz bastante logrado. Desconozco, como diletante que soy, si el atún era de almadraba y congelado o procedente de granja de engorde, pero hay que reconocer que estaba muy bien. Acierto. 


  
También muy buena la lubina al horno, 22,50€. Lubina de gran calidad preparada en lo que parecía
con ajada a la gallega pero acabada con un golpe de horno. Sencillez de preparación pero con un resultado formidable. Mucho la recordaríamos al día siguiente…




 

Para el postre solo pedimos uno e hicimos bien ya que la tarta de manzana, 5€, fue servida en una ración importante y además estaba bastante buena y acompañada de un notable helado.


 

La carta de vinos no muy extensa pero con suficientes alicientes. Escogimos un Zárate El Palomar 2011, 29,50€.  Se puede pensar que el detalle del capuchón enfriador no es propio de un restaurante con pretensiones, pero personalmente casi  lo prefiero a la cubitera  ya que así puedo servir yo el vino sin problemas y no como en otros restaurantes, tener que andar frenando al personal que quiere rellenarme al principio la copa cada 2 minutos y al cabo de un rato no aparecer ni por casualidad y hacer que me tenga que levantar a por la botella.

El pan, 1€, mejorable y el personal de servicio muy correcto.

La página web está  bien provista de fotos y de información, aunque les falta incluir la carta y mejorar el diseño del texto.

Me temo que este restaurante no entrará en las listas galácticas ni en constelaciones varias pero en lo que respecta a esta cena en concreto nos hizo salir con una sonrisa en la boca y no porque hubiésemos probado la última novedad ni la última técnica y ni siquiera algo que no hubiésemos podido hacer nosotros parecido en casa, todo lo contrario, sino porque comimos buen producto y bien hecho, nada más y nada menos, y en muchas ocasiones eso es lo más difícil de encontrar.

Pablo Gallego

Rúa Capitán Troncoso, 4, bajo, 15001 A Coruña
981 20 88 88  www.pablogallego.com

sábado, diciembre 13, 2014

Aubergue du Cheval Blanc (Bayonne, Francia)



Hace pocos días que salió publicada la nueva edición de la Guía Michelin y como siempre, vino acompañada de todo tipo de comentarios y opiniones sobre la cicatería en su concesión de estrellas a la cocina española y sobre el criterio de sus inspectores. No voy a entrar en ese debate pero sí quiero hacer una pequeña puntualización y es que por experiencias pasadas y por la que voy a relatar seguidamente, está claro que restaurantes con estrella en Francia como éste que voy a comentar dudo mucho que ni siquiera vinieran recomendados en la guía si se encontraran en España o en cualquier otro país.

Se trata de Aubergue du Cheval Blanc que está en funcionamiento desde 1959 aunque ya desde nada menos que 1715 existía una estación de correos en el lugar. El responsable de cocina es Jean Claude Tellechea que consiguió la preciada estrella en 1995 además de dos Toques de la guía Gault et Millau.

Algo que me gusta mucho de los restaurantes franceses es que suelen tener varios menús que se pueden formar con platos de la carta por lo que si pides entrada, plato y postre sale así más económico que si no hubiera menú. Algo que podrían copiar los restaurantes españoles que lo único que ofrecen es el manido menú degustación que incluso algunos llevan al extremo de ser menú único.

Nosotros pedimos el menú “Entre amis” que por 44€ ofrecía entrada, plato principal y postre, como ya comenté a escoger de la carta.


 

Como aperitivo de la casa nos pusieron una  crema de pescados y mariscos que no probé pero me comentó mi mujer que era de las mejores que había probado en mucho tiempo.




Hay que hacer una pequeña crítica, por lo menos por mi experiencia, gastronómicos franceses, a la hora de los entrantes no les sacas del foie gras, las vieiras, las ostras y el bogavante. Aquí ofrecían algo más y aunque nosotros escogimos el típico a que en muchos restaurantes foie gras de las Landas cocido al natural con higos asados. Bien sin más y sin ir más lejos inferior al comido hace unos días en el Avenue de Lisboa.



El otro entrante fue un prensado de trucha de Banka, foie gras y peras reducidas con Oporto. Si lo hubieran servido esperando un poco más y no recién sacado del frigorífico se hubieran apreciado mejor los sabores ya que nos pareció una buena combinación un pescado con poca grasa con el foie gras y el toque dulce de las peras. De todas formas tampoco es un plato que quede en el recuerdo.


 Para los platos principales nos decidimos por la carne. El parmentier de Xamango con jugo de carne trufada nos pareció cercano a la tomadura de pelo. El xamango es como llaman en la zona al jarrete del jamón de Bayona y en este caso venía en una cantidad minúscula sepultada en una montaña de puré de patata además de formar todo un conjunto insípido. Hacía tiempo que un plato nos dejaba tan descontentos.



Mejor estuvo, aunque eso era fácil, el solomillo de ternera con trompetas y pimientos del piquillo y jugo del guiso. Carne de calidad, perfecta de punto y bien acompañada. Nada  sorprendente pero por lo menos bien hecho.






Los postres retomaron la mala senda. La tartaleta de limón, pasas y nueces fue un monumento a lo anodino. Insípida totalmente. Poco más que decir…




 
No fue mucho mejor la cúpula de chocolate negro y blanco, cremoso de limón verde y sorbete de marfil. La cúpula  de chocolate parecía sacada del lineal de un supermercado y de lo demás no merece la pena comentar nada de lo mediocre que era. Mal.





La carta de vinos impropia de un restaurante con pretensiones. Muy poca variedad de zonas y cantidad de vinos. Tomamos un Pessac-Leognan, Château Rochemorin 2008, 43€, marcado lo normal..., el triple de lo que cuesta en tienda.





 Las copas, penosas como se puede ver. Ni en una vinatería de cuarta las ponen así.

El pan, malo, con el buen pan que suele haber en Francia. El personal de servicio correcto, aunque seguimos esperando por la jarra de agua…

La web de restaurante está bastante bien, además de traducida a varios idiomas pero podían fijarse un poco en que no coinciden las cartas en francés y en español.



Hacía tiempo que no nos dolía tanto gastar 131€ en un restaurante. Como decía al principio, un sitio así probablemente en otro lugar que no fuera Francia ni siquiera vendría reflejado en la guía y mucho menos tendría una estrella Michelin. O si le damos la vuelta al argumento, si este restaurante merece la estrella bastantes en otros sitios la merecerían. Pero como dice un bloguero y tuitero al que sigo, es su guía y en la Michelin dan las estrellas a quien les da la gana. Faltaría más.

               
Aubergue du Cheval Blanc

68 Rue Bourgneuf, 64100 Bayonne, Francia
+33 5 59 59 01 33   www.cheval-blanc-bayonne.com

lunes, diciembre 01, 2014

Assinatura (Lisboa) 2014




Segunda visita al restaurante Assinatura casi cuatro años después. De aquella al mando de los fogones se encontraba Henrique Mouro y en la actualidad es Vitor Areias quien detenta la responsabilidad.

La sala sigue exactamente igual que la vez anterior con el típico estilo de mesas muy juntas que se estila en muchos países aunque esta vez a nosotros nos tocó una de las mesas centrales. Decir que esta noche solo tuvieron medio aforo, raro para ser sábado noche, al contrario que la vez pasada.



 

La carta, como en el restaurante de la noche anterior, con tres entrantes, tres pescados y tres carnes, dos menús degustación y curiosamente también un menú vegetariano.
 




También curioso es que de aperitivo nos pusieron algo muy parecido a la otra vez corteza de cerdo con buey de mar, que no probé pero gustó a mi acompañante. También un plato de aceite del Alentejo de notable nivel. Decir que esto no es gratis ya que por el concepto de aperitivo cobran 4€ por persona, aunque el pan va incluído.
 

 
De entrantes esta vez pedimos dos. Uno fue la morcilla con membrillos y cebollinos en un caldo anisado, 12€, al que solo se le puede criticar lo parco de la ración porque el conjunto de una rica morcilla, muy fina, con el toque agridulce del membrillo y los cebollinos y la aportación punzante del caldo anisado resultó estupendo y muy armónico en el paladar. Excelente.



 
De notable alto también  el lomo de borrego con ensalada tibia de granada, 14€, que aparte de tener una cantidad más normal que el otro entrante resultó de una carne potente pero elegante y muy bien acompañada de la frescura y leve dulzor de la ensalada de granada. Un acierto.

 

 
Para los platos principales volvimos a escoger carne. Algo alto de precio pero excelente el cordero lechal con salsifí glaseado y pimentón casero, 32€, bien de punto, de fantástico sabor con el toque ligeramente amargo del salsifí que combinó muy bien con el del lechal y todo ello alegrado con el pimentón. Un platazo.



 
El otro plato fueron unas plumas de cerdo ibérico con pera glaseada con miel y romero, 26€. También bien conseguido el punto de la carne y sabrosa aunque la pera glaseada con miel les quedó algo dulzona aunque nada que estropeara el sabor principal. Bien.



 
Esta vez solo pedimos un postre y la verdad es que podríamos habérnoslo ahorrado ya que el helado de chirivía, chirivía glaseada con nueces y hierbas anisadas, 8€, resultó plano, sin apenas sabor, no encontramos el dulzor por ninguna parte y ni siquiera estaban demasiado presentes los propios toques anisados de la chirivía ni de las hierbas. Postre realmente extraño.




La carta de vinos, corta pero con vinos notables. Tomamos un magnífico Douro, Passadouro Reserva 2011, 49€.  También sendas copas de un moscatel dulce de Herdade de São Miguel, 6€, servido en una cantidad casi ridícula y más viendo el precio. Además, reitero el fallo de no tener una carta de vinos dulces por copas. Detalles ambos a mejorar.

El personal de servicio, en general profesional, aunque se le notó demasiado las ganas de colocarnos el vino dulce al final.

La página web, magnífica, con toda la información necesaria e incluso hasta la carta de vinos aunque con añadas algo desfasadas. Además la tienen traducida a varios idiomas incluido el español. Ejemplo que deberían tomar muchos restaurantes para sus webs.

En general salimos satisfechos obviando el postre. Areias realiza una cocina basada en la tradición portuguesa pero actualizada y por lo probado, con gran importancia del producto de calidad. Sin duda cocina “con cabeza” y que tiene todos los mimbres para gustar a casi todo el mundo. Además, estando en el centro de Lisboa, no queda duda de que es una dirección imprescindible de la capital lisboeta.


Assinatura

Rua do Vale de Pereiro, 19, 1250-270 Lisboa, Portugal
351 21 386 769  www.assinatura.com.pt/index.php/es/